Solo yo escapé

Magda Puyo dirige el críptico texto de Caryl Churchill con tintes apocalípticos en el Teatro de la Abadía

Solo yo escapé - FotoCuando uno asiste a propuestas teatrales aparentemente crípticas —y hasta banales, en muchos de sus momentos—, y las vetas de Beckett y de Pinter se perciben con tanta nitidez, es esperable que se pueda ir más allá. La obra de Caryl Churchill, de quien tuvimos la oportunidad de conocer hace unas temporadas con Top Girls, parece frenarse en ese punto donde podrían abrirse muchos más caminos interpretativos. No obstante, el estatismo y el deambular por la vida corriente en gran parte de la función, dejan a Solo yo escapé como un ejercicio quizás simple para la transcendencia de lo que se insinúa en el fondo. Porque si el título está recogido del Libro de Job, con esa frase de aviso después del desastre que el protagonista bíblico escucha en un mensajero, entonces, el tema del mal se nos echa encima y su inexplicabilidad, mucho más. Sigue leyendo

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Islandia

El Teatro María Guerrero acoge esta fábula de estilo dickensiano sobre la crisis económica, firmada por Lluïsa Cunillé

Podríamos afirmar que si alguien presenta un proyecto teatral bajo el binomino Islandia-crisis económica, es muy probable que se imaginara una representación de las transformaciones radicales ―no solo financieras― que se dieron en este pequeño país después de la debacle ocurrida en 2008. Al saber que la obra fue escrita en 2009, entonces, uno tendería a pensar que vaya mala suerte, que ha elegido la nación arruinada que más éxito tuvo en los siguientes años a la hora de recuperarse tras el hundimiento mundial. Bien, pues tras salir de la función, no queda más que creer que efectivamente ha sido Islandia, como podría haber sido cualquier otro lugar afectado, para tomar el punto de partida; porque el desarrollo del montaje vive ajeno a las complejidades bursátiles, a los destrozos sociales, a la sofisticación tecnológica de la actualidad y a una verosímil emulación de nuestro estado contemporáneo. Es verdaderamente sorprendente que una dramaturga veterana como Lluïsa Cunillé haya escrito un texto tan simplón y, lo que es peor, que haya sido alabada por ciertas personalidades del mundillo teatral. Sigue leyendo