Escena – Fin de temporada 2018-19

Una vez terminado el curso, llega la hora de repasar lo más destacable de la esfera teatral

Foto de marcosGpunto

Al final siempre ocurre lo mismo, los montajes excelentes se reducen a un escueto puñado; pero, si echo la vista atrás y comparo esta temporada con las cuatro o cinco anteriores, parece que la cosecha ha sido, en general, peor. Puede ser por diferentes motivos, entre otros, mi propia percepción subjetiva (puedo estar equivocado) o que la crisis no se ha terminado para el mundo teatral (seguramente nunca pase ya y sea necesario acostumbrarse a esta situación), o, también, que cuesta más atrapar a un público que vive sometido por muchas tentaciones «culturales», como, por ejemplo, las series de televisión. La clave sigue siendo el espectador. Y la crítica, claro. Aunque no pueda competir en influencia contra cientos de retweets claqueros. Merece la pena hacer un repaso para recalcar cuáles han sido los mejores montajes y señalar, además, alguna obra que, por distintos motivos, si no ha sido grandiosa sí que ha conllevado detalles sobresalientes. Primeramente, es justo reconocer que algunas de las versiones o adaptaciones de clásicos (antiguos o de nuevo cuño, de aquí o de otros lares) han ofrecido facturas encomiables. Como fueron La fiesta del viejo, con la idiosincrasia argentina para traer a la actualidad El rey Lear (lo pudimos disfrutar durante muy pocas fechas en El Umbral de Primavera). Sigue leyendo

Ante la jubilación

Se nos queda algo anticuado en su trascendencia ética el valorado texto de Thomas Bernhard que dirige Kristyan Lupa

Foto de Felipe Mena

Esta obra es un claro ejemplo de que algunos acontecimientos teatrales requieren un público idóneo para completar el proceso de ida y vuelta. Así, Ante la jubilación se observa desde el Madrid de 2018 como una tragicomedia desencajada de la historia y descontextualizada. Digamos que no nos dice tanto como debiera, porque nosotros no estamos «contagiados» por el zeitgeist alemán. No estaría mal desenmascarar a un magistrado franquista blanqueado por nuestra joven e imperfecta democracia sin separación de poderes. Que al ministro Filbinger, un auténtico hipócrita, se le descubriera su pasado como juez nazi tiene su punto, y permite una inspiración dramatúrgica que entronca con una sociedad aún en proceso de transformación, allá por 1979. Nos situamos el día 7 de octubre, aniversario de la muerte de Himmler. Como todos los años, Rudolf celebra una cena, y este no será distinto. Durante más de tres horas asistiremos a una cotidiana secuencia, densa en algunos momentos, para diluir una atmósfera entreverada de patetismo y drama, de cínico humor soterrado en la evidencia de una manifestación entre macabra y cutre, nostálgica de una estética y de una visión del mundo que pudo acabar con los fundamentos de Europa. Sigue leyendo

Lokis

Un artefacto hiperbólico sobre el asesinato de Marie Trintignant en un inmenso espectáculo de vídeo y de perfomance

Foto de D. Matvejev

Si fuera por la tardanza en comenzar la función y por esa deplorable, ridícula y estúpida captativo benevolentiae, donde los actores nos cuentan la ya consabida metateatralización sobre que ellos van a grabar un documental o una película o yo qué sé, y que se demora absurdamente en un anticlímax que es insostenible e inaguantable; deberíamos haber salido pitando (los más impacientes lo hicieron). Pero a partir de ahí, la propuesta de Łukasz Twarkowski es bestial, hiperbólica y digna de figurar en un Festival que nos debe traer a los dramaturgos que osan rebasar los límites de la creación teatral. Dicho esto, es justo reconocer que este montaje ha sido un fracaso, a tenor de la respuesta más expeditiva del público: el abandono de la sala. De alguna manera, es comprensible; pues la exigencia es mayúscula (más todavía en la segunda parte, después de que la mayoría de los espectadores se hubieran largado). La inspiración para realizar esta obra es la novela Lokis, de Prosper Mérimée, un relato de terror sobre un individuo mitad hombre, mitad oso que transcurre en los bosques lituanos. A ello se suma la estética fotográfica del suicida Vitas Luckus que, por lo visto, ha dejado su impronta en la sociedad de su país; aunque pienso que en el espectáculo su línea de acción se pierde confusamente. Sigue leyendo