Escena – Fin de temporada 2015-16

Un repaso por lo más destacado del mundo teatral en este último curso

Foto de Ros Ribas
Foto de Ros Ribas

Toca hacer recuento después de que haya terminado la temporada para muchos teatros, aunque una cantidad importante de salas continúe en la brega. Y como ha ocurrido en los últimos años, el arte dramático nos ofrece un reflejo y una perspectiva con los que poder analizar a nuestra sociedad. Por un lado, la crisis mantiene la destrucción en el sector con el cierre de espacios tan emblemáticos como Guindalera o proyectos como la Kubik. Por otro lado, se debe hacer una profunda reflexión sobre el momento creativo que vive el teatro en España que, en cierta medida, tiene mucho que ver con su público, tanto con el que asiste asiduamente como con aquel que o ha ido abandonando (por cansancio) o que nunca llegará a formar parte del respetable por falta de persuasión. Ni que decir tiene que este tema es verdaderamente esencial y antes morirá el teatro por falta de espectadores que por carencias económicas. Sigue leyendo

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La clausura del amor

Israel Elejalde y Bárbara Lennie llevan la ruptura de su compromiso hasta el paroxismo interpretativo

Foto de Josep Aznar
Foto de Josep Aznar

Sabes que no hay vuelta atrás, que todo ha terminado, pero que es absolutamente imposible deshacerse de un sentimiento tan profundo y orgánico como un amor pergeñado durante tanto tiempo; ese amor te constituye, te estructura y, ahora que se ha podrido, no es un tumor que se pueda extirpar. Aun así, Israel Elejalde, investido de sí mismo, situado en la esquina más alejada del tatami antes de un combate en el que ni por un instante se van a llegar a tocar, aunque sus pieles estén alerta, comienza a traducir en palabras, durante casi una hora, el lenguaje de su cuerpo. Esta es una obra lingüisticorporal. Las entrañas, los pechos, los corazones, el semen y la sangre, los huesos, los síntomas de la enfermedad de tan difícil diagnóstico, propenden hacia la desnudez hasta que llegan a coronarse como narcisistas, como aves del paraíso. Su lenguaje verborreico se traza con versos octosílabos, rápidos, extenuantes, como un romance con rima asonante en los pares trastocado para la ocasión, aunque luego se acoja al verso libre como si fuera un torrente a lo Walt Whitman. Elejalde expone todas sus capacidades interpretativas y dispone la disertación creada por Pascal Rambert (con la inestimable traducción de Coto Adánez, que ha conseguido un trabajo magnífico) a través de la hipérbole, de la constante recursividad (también está pensando en el público, evidentemente), vuelve una y otra vez sobre los mismos subtemas con angustia, repitiendo tajantemente sentencias que gradualmente parecen autoafirmarlo. A esto le añade figuras como la preterición (acusa a su mujer de todo aquello que anteriormente había negado que haría) o el reiterado paralelismo en una sintaxis que se descoyunta por momentos. Pero es la metáfora, la concatenación de metáforas sobre el amor esparcido celularmente por todo su cuerpo en un lenguaje sanguíneo, una alegoría que pretende alcanzar el horizonte de la verdad. Nuevamente es el arte, gracias al texto de Rambert, el que demuestra que es el discurso que más se puede acercar a la expresión del sentimiento real. De toda esta amalgama, Israel Elejalde, como actor, sale triunfante. Continúa, de alguna manera, la senda abierta con su interpretación en La fiebre, aunque aquí el punto de abstracción y disolución en el entramado textual que consigue durante tanto tiempo es capaz de imponer un silencio seco en toda la platea.    Sigue leyendo