Roland mon amour

Cris Balboa ocupa la Sala de la Princesa en el Teatro María Guerrero para organizar una performance autoficcional junto a su sintetizador

Foto de Bárbara Sánchez Palomero

Como bien nos tienen acostumbrados en el Centro Dramático Nacional sus máximos responsables, ya tenemos aquí la insignificancia de la temporada. Propuesta surgida dentro del programa de residencias de esta insigne institución. Por lo tanto, aquí tenemos un proyecto previsto y evaluado, al que se le ha concedido el honor de incluirlo en la programación para que ocupe la Sala de la Princesa durante un mes. Ahí es nada. Habrá que culpar del estropicio, entonces, a Fefa Noia, adjunta a la dirección, que parece tener sus favoritismos gallegos. Sigue leyendo

Viejos tiempos

Beatriz Argüello crea la atmósfera propia para desarrollar este acontecimiento onírico de Harold Pinter

Foto de Lucía Romero

La primera versión de esta obra del Nobel Harold Pinter fue la dirigida por Luis Escobar en 1974. Aunque tenemos mucho más cercana la adaptación de Ricardo Moya para el Teatro Español en 2012. No es extraño que esta obra se publique junto a Traición (recordemos la propuesta comandada por Israel Elejalde), pues ambas pertenecen a este «Teatro de memoria» que abona la pretensión de incurrir en la conciencia, en las existencias aleatorias, en los olvidos y en esas máculas indelebles que nos consternan. Creo que la dirección de Beatriz Argüello acierta absolutamente al crear no ya una atmósfera de extrañeza, sino una verdadera sustancia surrealista. Sigue leyendo

Lacrima

El Teatro María Guerrero acoge el extraordinario montaje de Caroline Guiela Nguyen, una crítica al capitalismo global a partir de la alta costura

Foto de Jean Louis Fernandez

Recibimos de nuevo a Caroline Guiela Nguyen en el CDN tras su paso con Saigon y reconocemos muchos de sus valores estéticos. Otra vez una producción absolutamente sobresaliente, donde se imbrican una serie de técnicas audiovisuales manifestadas con gran elegancia y con mucha meticulosidad. Estamos acostumbrados en los últimos tiempos a una introducción de cámaras, de vídeos y de tecnologías en la escena que, si bien sorprenden, también, en demasiados casos, resultan molestas. Aquí no ocurre así y por eso el discurrir de la función es tan placentero. No hay más que ver cómo se utiliza la pantalla central. Sigue leyendo

Las pequeñas mudanzas

Vanessa Espín plantea un diálogo con Tirso de Molina para trazar su propia autoficción en el Teatro de la Comedia

Foto de Sergio Parra

Desconozco si en las próximas temporadas, ya que se ha cambiado al equipo directivo de la institución, se va a mantener esta propuesta de «diálogo contemporáneo» con las obras clásicas. Porque no parece que haya el más mínimo criterio, y se usa para hablar de «lo mío» (otro ejemplo, muy similar, fue La fortaleza, de Lucía Carballal). Los autores auriseculares pretendían acogerse a valores pretendidamente universales, nuestras dramaturgas se pirran por la autoficción. Ya lo afirma la propia Vanessa Espín en su libreto nada más comenzar: «El que era director de esta casa me dijo que yo podía hacer lo que me saliera del coño» (puro romance asonante). Lluís Homar se lo debió comentar a nuestra directora, mientras ejercía de ayudante en El gran teatro del mundo. Ya está dicho, todo debe quedar en «casa» (la de todos, el INAEM). En cualquier caso, continuamos dramatúrgicamente con un tema que se han impuesto en las autoras de estos últimos años: la búsqueda del padre (otro ejemplo sería Casting Lear, de Andrea Jiménez). Sigue leyendo

Murmullo

Miguel Valentín y Aitana Sar tratan el tema de la muerte en este segundo proyecto del Tríptico de la vida en la Sala Cuarta Pared

Si hace unas semanas se representaba en la Sala Cuarta Pared Todas las casas, la primera entrega del Tríptico de la vida, ahora le toca el turno a Murmullo, segundo episodio, firmado por Miguel Valentín. Estoy convencido de que el autor vio Así hablábamos, la temporada anterior en el Teatro Valle-Inclán. La tristura homenajeaba a Carmen Martín Gaite y organizaba un insustancial dispositivo con jovenzuelos discurriendo sobre la muerte de una amiga entre música. Las similitudes que encontramos en el montaje que aquí nos compete son muy amplias. Por un lado, tenemos la disposición a dos bandas con el elenco desplazándose por el centro. Un amigo ha fallecido y la tristeza inunda la atmósfera. Por otra parte, además, una cantidad enorme de conversaciones triviales llena los minutos en un vaciamiento cansino. La originalidad del asunto radica en la estructura que se pretende insertar, sin embargo, el caos, la incoherencia y una falta de andamiaje clara terminan por mostrarnos un espectáculo muy endeble conceptualmente hablando.

Cuatro individuos regresan del entierro de un amigo común. Han parado a comer en el restaurante La Manduca, y se proponen alargar la sobremesa. Algunos destellos de surrealismo que parecen retrotraernos a El discreto encanto de la burguesía, de Buñuel. Ideas y venidas de Andrés Picazo (todos llevan sus propios nombres) en busca de camareros que no acontecen y de cafés que no se sirven. Su actitud será muy anodina y pasiva. Él estaba enamorado de Simón; aunque, por lo visto, este sentía más fascinación por Fran (Vélez). Este resulta más dicharachero. Intenta escapar de esa situación agobiante y exige a los demás que beban sin freno para huir beodos de ese trance. Por su parte, Nataliya Andru se expresa a través de asanas yóguicas. Luego emprenderá distintas danzas. Una vez asume que su taxi ha quedado en un limbo dando vueltas sin parar y que tardará en marcharse. Ella es la responsable general del movimiento escénico y hay que reconocer que destaca; pues se desarrolla una energía elocuente y una compactación que remite con sensatez al cuento que se nos revela.

En un determinado momento, Marina Herranz, que es quien inicialmente comanda al grupo, quien ostenta un poder superior de seducción, avanza, de improviso, el relato del Simurg (entronca con el tal Simón), un ave mitológica, propia de la cultura persa, extraída del libro El lenguaje de los pájaros, de Farid ud-Din Attar. Es una pena que este fábula, repleta de enseñanzas, y que discurre por los vericuetos del sufismo, no se haya empastado con más pericia. Hablamos del Pájaro-Rey, que come fuego, que posee el don de la sabiduría, y que podemos relacionar con el Fénix. Nos remiten a una abubilla que habla con el rey Salomón y cómo aquella y otros pájaros emprenderán un viaje por los siete valles (La búsqueda, el amor, el conocimiento místico, el desasimiento, la unicidad, la perplejidad y de la pobreza y la aniquilación). Consiste, evidentemente en un proceso de ascetismo, de purificación, que deben acometer antes de descubrir la paz, el hallazgo gnóstico y el encuentro puro con la divinidad. Es, en definitiva, la conexión mística, que requiere desprenderse de lo banal, del cuerpo y del deseo. En este sentido, muy poco se indaga en las complejidades religiosas y simbólicas que se encierran en esa obra del siglo XIII. Podemos deducir que los cuatro componentes, los cuales se adjudican su pájaro favorito, deben pasar por una transformación interna que permita digerir el dolor. Es verdad que se percibe un atisbo de asunción de lo que significa la muerte, de que esa experiencia les vale para recordarse que la vida tiene un final que puede llegar de repente; pero también es cierto que tenemos más de lo mismo. Otra vez la representación vacua del ocio sin más motivo que la distracción. No hay más que ver la extensa escena del karaoke, con una retahíla de canciones populares que les valen para cantar y bailar alrededor de la larga mesa.

En conclusión, todo debía consistir en reflejarse en un espejo. En eso, en gran medida, es hallar a Simurg; no obstante, en la casi hora y media de función el desparrame prima, el relleno con diálogos costumbristas y anécdotas que poco interesan, se combinan con acciones poco convincentes. Los silencios acaban por ser los más elocuentes en una propuesta que dirige Aitana Sar; aunque se le escapa. ¿Cómo es posible que una ruta de autoconocimiento y tan trascendental quede en algo corriente? A veces parece que el ansia posdramática, tan irónica, tan distanciadora ─no vaya a ser que se metan en honduras y en seriedades─ incapacita a los creadores para desarrollar algo importante, que exija en el espectador algo más o, incluso, mucho más.

Murmullo

Dirección: Aitana Sar

Dramaturgia: Miguel Valentín y Aitana Sar

Texto: Miguel Valentín

Reparto: Nataliya Andru, Marina Herranz, Andrés Picazo y Fran Vélez

Ayudante de dirección y creación: Víctor Barahona

Vestuario y escenografía: Berta Navas

Sonido y audiovisuales: Kevin Dornan

Diseño de iluminación: Nuria Henríquez

Movimiento: Nataliya Andru

Fotografía: La Megías Fotos

Diseño de cartel: Irene González Lara (Verde Pistacha)

Edición de vídeo: David Pérez López

Producción y distribución: Cuarta Pared

Agradecimientos: Juan Ollero, Miguel García Lozano, Carlos Mira Morales, Natalia Remón Vila, Pablo Rodero y Javier Victorio

Sala Cuarta Pared (Madrid)

Hasta el 28 de marzo de 2025

Calificación: ♦♦

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La música

La obra de Marguerite Duras decae en taciturnidad en este montaje ideado por Magüi Mira en el Teatro Infanta Isabel

Por lo visto, antes de ser una obra de teatro, La música fue un encargo para la televisión. Luego ya subió a las tablas en 1965 y se adaptó al cine, al año siguiente, con dirección de la propia Marguerite Duras y la compañía de Paul Seban. Ciertamente es mejor no tomarla de referencia; porque el enfoque es muy distinto al que encontramos en el Infanta Isabel. La dramaturga había imaginado el encuentro de una pareja de treintañeros que vuelven a verse tras dos años para resolver unos asuntos de su divorcio. Magüi Mira ha decidido darle un giro y situarnos dos individuos maduros. Este hecho, efectivamente, trastoca toda la propuesta; pues el bagaje de cada uno es totalmente diferente. Sigue leyendo

La señorita de Trevélez

Juan Carlos Pérez de la Fuente dirige una versión extendida de este drama grotesco de Carlos Arniches en el Teatro Fernán Gómez

Foto de Luiscar Cuevas

¿Cómo darle aire renovado a este drama de Arniches sin caer en el rancio costumbrismo? Pues dándole una estética más sofisticada que logre, incluso, aproximarse a la sicodelia de los años sesenta y a esos reconocidos guiños a la película La naranja mecánica, de Stanley Kubrich (no faltan bombines y bastones); aunque de una manera más modesta en la acción, efectivamente. En gran medida, uno se pone en la tesitura de todos esos que han pasado por una residencia de estudiantes y han tenido que pasar el trago de las novatadas, muchas de las cuales han llegado a límites insostenibles. Sigue leyendo

Don Gil de las calzas verdes

El Teatro de la Comedia pone en marcha de nuevo a los jóvenes valores de la Compañía Nacional con esta briosa dirección de Sarah Kane

Foto de Mauro Testa

La obra que nos compete ha sido visitada y revisitada con mucha frecuencia en las últimas décadas y ha logrado recorrer en sus diversas adaptaciones gran parte del territorio español. Hasta el punto de que en estas mismas fechas Laura Ferrer dirige su propuesta en el Corral Cervantes. Puesto que ha sido altamente «exprimida», quizás merezca la pena observarla en relación a Valor, agravio y mujer, y, por lo tanto, podemos preguntarnos cómo se debe tomar un clásico en nuestros tiempos. Es decir, si este embrollo tan cargado de equívocos puede funcionar más allá del entretenimiento. Sigue leyendo

Los cuernos de don Friolera

Ainhoa Amestoy plantea una adaptación de este esperpento de Valle-Inclán repleta de motivos grotescos aunando tiempos diversos

Foto de Pablo Lorente

Enfrentarse a este esperpento de Valle-Inclán, incluido, como se sabe, en el ciclo Martes de Carnaval, publicado en su versión definitiva en 1930, no es tarea fácil, por mucho que el argumento sea tan polémico en estos momentos. Formalmente es un desafío, si uno se quiere hacerse cargo de sus diferentes niveles metateatrales, amén de un vocabulario expresionista que posee todas las características ingeniosas del dramaturgo. La mayor pega, sin duda, su extensión y, si acaso, recalcar demasiado las ideas principales. Anhela el autor enmarcar tanto su artefacto que no ceja hasta situar a cada quien como le corresponde. Sigue leyendo