La violación de Lucrecia

Regresa a la escena madrileña uno de los éxitos de la temporada anterior, La violación de Lucrecia

Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

La presencia de Nuria Espert en el escenario, apenas acompañada de una mesilla, una butaca y la velada cama detrás, ya impone lo suficiente, si además, tras un breve prólogo metaliterario (conversación de móvil mediante) marca de la casa Miguel del Arco, asistimos a una corriente de flujo, un vaivén tremebundo de voces encima de las tablas, el verso de Shakespeare metamorfoseándose en la boca de nuestra primera actriz, desde el narrador con su tensión in crescendo (esquinas, recovecos y centros de luz hasta el detalle), pasando por la testosterona de Tarquino, por la desesperación de Lucrecia, por la terrible constatación de Colatino (su esposo), hasta llegar al dolor, a la muerte y a una honra llena de sangre. Fluye el texto, la estrofa, el diálogo de los personajes multiplicados en una sola mujer, arrebatada, violada, mancillada, símbolo de una decadencia romana y momento transicional hacia la república. Sigue leyendo

Misántropo

Miguel del Arco actualiza el Misántropo con una propuesta que toma como clave la clase política española

Foto de Eduardo Moreno
Foto de Eduardo Moreno

Jean-Baptiste Poquelin, en el cénit de su carrera, estrenaba allá por el 1666 una de sus obras más celebradas y con la que indagaba en los vicios del ser humano y, a su vez, creaba uno de esos personajes (interpretado por él mismo) que hoy se nos muestra, al menos, como necesariamente higiénico. El misántropo, Alcestes, es un hombre que lucha por la verdad y el amor, pero que termina padeciendo las paradojas de sus propios principios, imposibles en una sociedad donde apenas queda hueco para la honradez; así que no parece encontrar más salida que la vida eremita, vagar por el desierto, el tránsito monacal, la soledad ¿cobarde? Sigue leyendo

La cortesía de España

Lope de Vega se cuela en el Matadero con La cortesía de España, una obra sobre las cargas de la tradición

la-cortesia-de-españaPresenta, y muy bien, la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico un comedia, tildada de famosa, de esas de enredo. Como suele ser propio en Lope y otros autores de la época, la trama se dispone a través de los amores de sus protagonistas que, entre equívoco y equívoco, van lanzándose hacia un final que se adivina feliz, pero que dada la confusión, no sabe uno quién acabará con quién. La cortesía de España no solo es una comedia de costumbres urbana como El acero de Madrid o La noche de San Juan donde aparecen ciudades de nuestro país, sino que, en esta ocasión, uno de los protagonistas y su sirviente viajan por Génova, Venecia o París, todo un tour que se va reflejando en unas acertadas proyecciones de vídeo repartidas a tres alturas: en un ciclorama, en unas cortinas y en las puertas giratorias. Resulta, por lo tanto, una escenografía sencilla, minimalista, en apariencia, con una especie de pasarela como si fuera un puente veneciano, con portalones que van metaforizando aún más la trama con sus giros y una serie de pequeños elementos que matizan el espacio como unas sillas con un elevado respaldo hueco, elegantes, y que no disuaden la mirada del espectador. A esto se añade un vestuario equilibrado en los colores, diseñado por María Araujo y una música basada fundamentalmente en una sonora percusión ejecutada por Mauricio Loseto que va hilando cada una de las escenas. Sigue leyendo