Tartufo

Pepe Viyuela protagoniza una propuesta de Ernesto Caballero donde se pretende cuestionar la vigencia de clásico como este de Molière

Pase gráfico de "Tartufo" en el Reina Victoria

A vueltas con las adaptaciones y que si los clásicos esto y aquello. Vayamos por el principio, todos los clásicos han perdido su contexto y muchos de ellos incluso el lugar de representación. Observamos una simulación. Cuando algunos se agarran a la supuesta pureza, prácticamente nunca se hace el esfuerzo por situarse en la piel de los espectadores de entonces. Nosotros estamos aquí y contemplamos, con nuestro bagaje personal, lo que nos ponen por delante. Otra cuestión es confundir al autor clásico con la pretendida creencia de que todo lo que escribió ya es un clásico en el sentido que manejamos hoy en día (calidad y permanencia). Por ejemplo —tal y como se ha podido comprobar no hace mucho—, ¿nos dice algo la versión que realizó el francés del Anfitrión de Plauto? El Tartufo de Ernesto Caballero es una propuesta con varias miradas, y ninguna de ellas desea ajustarse a lo pudo ser. El Teatro Reina Victoria no es Versalles, ni tampoco Felipe VI es Luis XIV, por mucho que compartan linaje. Sigue leyendo

Hannah Arendt en tiempos de oscuridad

La vida de la filósofa alemana sirve de excusa para la reflexión ética acerca de interpretar a un genocida

Si se nos retuerce el argumento previsible y el drama aprovecha la controversia generada por las opiniones de Hannah Arendt, cuando esta decidió viajar como reportera a Jerusalén para seguir el juicio al nazi Adolf Eichmann, tal y como se refleja de manera muy precisa en la película de 2012 dirigida por Margarethe von Trotta, para llevarnos por otros derroteros éticos, entonces es necesario analizar si la propuesta es coherente. La responsable de todo el asunto es Karina Garantivá y es ella quien nos introduce a través de un discurso inicial en las ideas que sustentan su proyecto. Discurso este algo caótico, con descripciones sobre cómo se ha llegado a preparar este espectáculo, que para el público pueden ser desconcertantes, pero que vale para llegar a la conclusión en esa deriva metateatral que prepara el terreno para el epílogo. Esa conclusión se ahorma con cuestiones que parecen hacer referencia, por ejemplo, al «Experimento Milgram», que pretendía responder a preguntas como: «¿Podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto solo estuvieran siguiendo órdenes? ¿Podríamos llamarlos a todos cómplices?». Además de este asunto, de vital importancia ética, se nos induce a la comparación entre las medidas de control sanitarias que estamos padeciendo y que, también, tienen implicaciones sobre nuestros derechos y la manipulación de los totalitarismos. Sigue leyendo