La panadera

Sandra Ferrús firma y protagoniza esta historia sobre una mujer angustiada por la filtración de un vídeo sexual

Foto de Luz Soria

Resulta estimulante que el teatro se haga eco de estas nuevas formas de intrusión en la intimidad. Vivimos rodeados de «viralidad» y eso nos determina hacia situaciones azarosas e incongruentes, también crueles para los protagonistas de esos vídeos que, sin quererlo, se convierten en objeto de mofa, de escarnio o de vergüenza. Desde el ciberacoso al sexting innoble, las escenas sexuales brotan en las pantallas de los móviles con una facilidad pasmosa. En ocasiones, no hay ni tiempo para decir si se ve o no; pues llegan de improviso y en cantidades ingentes. Hemos conocidos varios casos en los últimos años que se han hecho célebres y, alguno tristemente conocido, como el ocurrido en la fábrica de Iveco. Además, en el totum revolutum del «pásamelo», hay filtraciones interesadas de pornografía encubierta para promocionar programas de televisión. Sandra Ferrús se ha metido de lleno en la cuestión y ha escrito un texto que destaca por una frescura y un detallismo muy revelador en los diálogos más cercanos y familiares. Aunque, asimismo, observamos un barullo creciente en el ansia por volcar sueños, recuerdos, saltos temporales y diversos planos concatenados ―y casi simultáneos― que le restan claridad. Es comprensible que así se exprese alguien que está inmerso en un proceso de estrés emocional profundo; pero teatralmente despista nuestra atención. Y otro tema que a mí personalmente me desencaja, en general, cuando la encuentro en alguna obra literaria, es la participación de una psicóloga. Yo creo que los psicólogos normales son antiteatrales, son como un agujero negro que absorbe la incertidumbre, la ficción, el problema y que transforman el acontecimiento dramático en un ejercicio terapéutico. Sigue leyendo