Un animal en mi almohada

Vanessa Espín traza un breve y poetizado drama con aires lorquianos sobre una mujer maltratada

Un animal en mi almohada - FotoNo sé si podemos tener en consideración intelectualmente a una dramaturga que toma para sí la siguiente afirmación: «La violencia machista mata más que el cáncer. La violencia machista mata más que el terrorismo de ETA». Aceptar comparación tan espuria puede indicarnos por qué se discurre en esta obra de la manera que lo hace. Es decir, no intentar comprender las implicaciones sociales, culturales, económicas, biológicas, legales, morales y políticas del hecho para atinar con la solución más precisa.

Viene esta propuesta, estrenada hace unos pocos años, a sumarse a una serie de montajes cargados de buenas intenciones, con pretensión de denuncia en relación a la violencia ejercida contra las mujeres en el ámbito familiar. Piezas que se ofuscan tanto en el límpido objetivo, que terminan por ser enormemente simplificadoras. Me refiero, por ejemplo, a Ana, también a nosotros nos llevará el olvido o El grito, con las que encuentro similitudes dramatúrgicas y éticas. Sigue leyendo

La margarita del Tajo que dio nombre a Santarén

Una sencilla versión sobre esta tragedia, escrita por Ángela de Azevedo, que da cuenta de la vida de santa Irene

Ante todo, creo que es muy loable que una compañía joven como Los Martes, No lleve esta obra tan desconocida a las tablas. Pues hablamos de una comedia de santos de la portuguesa Ángela de Azevedo, de quien apenas se conocen datos sobre su vida. Sencillamente, sabemos que vivió durante el siglo XVII, que estuvo al servicio de Isabel de Borbón y que escribió otras dos obras más. Lo cierto es que La Margarita del Tajo nos muestra una situación brutal basada en la hagiografía de santa Irene de Tancor (ca. 635 – 653) y que, como bien explica el título, dio nombre a la ciudad, próxima a Lisboa, de Santarén. Por otra parte, esa inquina se hace más evidente por la adaptación que han llevado a cabo María Gregorio y Anaïs Bleda; pues el argumento queda reducido a una serie de acciones directas y con muy pocos recovecos, que hubieran hecho falta para redondear a los personajes fundamentales. Y no porque la propia tragedia contenga muchos papeles (apenas se han quitado unos pocos); pero la ambientación es algo pobre ya que no se da tiempo para madurar ciertas situaciones. Esto se percibe en la introducción. Unos largos minutos entre las ondas del río sobreimpresionadas en la pantalla más la representación casi mímica de encuentros fortuitos que pueden dejarte sin asidero. Resulta confuso ese entrar y salir de individuos aún sin identificar. Sigue leyendo