Los locos de Valencia

Pepa Pedroche reconvierte este clásico de Lope en una comedia musical en los Teatros del Canal

Que cada dramaturgia de un clásico pase indefectiblemente en algunos teatros por la modernización reiterada es ya un cliché verdaderamente cansino. El empeño por captar a nuevos públicos exige adaptarse a sus preferencias y a su capacidad para entender un lenguaje nada convencional. También es cierto que algunas propuestas cuentan con un elenco que exprime sus virtudes y es capaz de brindar proyectos de gran solvencia interpretativa. Así ocurrió con La dama boba que pudimos observar hace unos meses en esta misma Sala Verde. Si hacemos los paralelos correspondientes, pues la concepción estética es similar, comprobaremos que, quizás, el equipo actoral que ha organizado Pepa Pedroche no era el más adecuado para demostrar brillantez en todos los apartados puestos en juego. Primero porque decidir que esta obra derive hacia la comedia musical supone contar con unos cantantes solventes. Sigue leyendo

Dionisio Ridruejo. Una pasión española

Ernesto Arias brilla con su actuación en la obra Dionisio Ridruejo. Una pasión española

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Ante una enfermedad como el franquismo tan solo se pueden procurar tres soluciones: el desarrollo de antibióticos, el padecimiento de la locura o la adaptación al medio (ya sea desde la hipocresía o desde el sincero arrepentimiento). La obra de Ignacio Amestoy reproduce en una cancha de baloncesto el día que muere Dionisio Ridruejo (29 de junio de 1975), la lucha alegórica entre la juventud que quiere pasar página desde la apuesta por las libertades (el antibiótico) y un pobre ‘esquizofrénico’ atormentado por no haber dado un paso al frente ante tanta desdicha, un compañero de Ridruejo en la División Azul en aquellas estepas rusas. Estos militares, a su vez, recluidos en una residencia, serán arbitrados por un general que chilla con orgullo los estertores del Movimiento y que indefectiblemente engrosará las filas de todos aquellos que se adaptaron al medio. Ya sabemos que en 1978 desaparecieron los afectos al régimen, si acaso sobrevivieron algunos nostálgicos que supieron agitar sus banderas con pericia los 20 N. Sigue leyendo