El off del Teatro Español elabora una mirada contemporánea sobre esta sátira de un solo acto acerca del sicoanálisis

En este espéculo sobre lo que ocurre en las salas principales del Teatro Español, arriba, en el Salón de los balcones – Andrea D’Odorico, se concita la mirada peculiar y de cierta experimentación (así ocurrió con La lámpara maravillosa, de Valle-Inclán). Si abajo se representa Bernice, aquí transcurre la primera obra de un único acto que Susan Glaspell escribió junto a su marido George Cram Cook (habría que tener un poco de respeto por este hombre y reseñarlo en algún lado) en 1914 y que fue representada al año siguiente de un modo informal con la recién creada compañía de los Provincetown Players. Sigue leyendo


Cuando contemplo representaciones con elenco joven y con discurso supuestamente epatante para un público bachiller, me pongo automáticamente en guardia. Los conozco demasiado como para que me la quieran colar. No importa que se presente en un lugar cultivado y estricto como La Abadía; porque se cae en los mismos clichés que llevamos soportando en la televisión toda la vida. La última fue la tropelía esa de HIT; antes había sido Física y Química. Parecen sacados de algún videoclip de Rosalía, con esa actitud de campaña de moda hortera, con la pose impertérrita. Los veinteañeros y los adolescentes, en general, son bastante normalitos. 

Cualquiera que haya visionado Mass, la cinta que Fran Kranz presentó en 2021, tiene mucho de teatral; pues no deja de ser un drama de situación, un encuentro amarguísimo entre las dos parejas, de padres y de madres, en una habitación. Parecía más que razonable adaptarlo a las tablas como ha realizado con elegancia y buen tino Diego Garrido, quien se pone por primera vez al cargo de la dirección. Él mismo también comanda y propicia esta reunión; aunque la mayor parte de los minutos se mantendrá fuera. Creo que merece la pena atender a toda una serie de diferencias culturales que tienen peor encaje con nuestra sociedad para el tema que nos compete. Trasladar la realidad estadounidense a España implica considerar que, por muy occidentales que nos consideremos, sus bases protestantes nos deben chirriar. 
