Sensible

La autodestrucción de una mujer comida por los celos en un drama que aúna teatro y danza

Por mucho que se insista, es muy complicado considerar la novelita epistolar de Constance de Salm, Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible, publicada en 1824 —aunque la hubiera estado escribiendo diez años antes—, como una cumbre literaria del Romanticismo. Primero porque la explosión de emotivismo y sufrimiento agónico de una aristócrata devorada por los celos, se consume en la reiteración de unas cartas, muchas de ellas, exageradas, pueriles y hasta insensatas —muy propias de ese movimiento estético. Segundo, porque posee un final de cuento de hadas estomagante. Entonces, ¿qué ha visto Juan Carlos Rubio en esta colección de textos para lanzarse a crear un espectáculo como Sensible? Pues seguramente el desgarro, el impulso y lo abisal. Que no es poco como motor, aunque puede ser, por lo comentado, insuficiente encima de un escenario. Pero hay que felicitar al director por las decisiones que ha tomado en su versión; puesto que ha mejorado la obra original y su persuasión con creces. Sigue leyendo

Maribel y la extraña familia

Maribel y la extraña familia continúa representándose en agosto de la mano de Gerardo Vera

Maribel y la extraña familia - Foto«El humor es verle la trampa a todo, darse cuenta de por dónde cojean las cosas; comprender que todo tiene un revés, que todas las cosas pueden ser de otra manera, sin que por ello dejen de ser tal como son», decía Mihura. Y lo podemos comprobar en la Maribel y la extraña familia que ha montado Gerardo Vera en el Infanta Isabel. Un montaje repleto de grandes detalles que agrandan la obra: los números musicales, las acertadas proyecciones de vídeo o la elección de los temas que suenan en los diferentes momentos. Pero no es el montaje lo que más resalta, sino, tratándose de Mihura, el humor. El humor de Mihura se ha recuperado en el último decenio con programas de televisión como La hora chanante o Muchachada nui comandados por Joaquín Reyes. En esos programas se ha vuelto a la extrañeza de la cotidianidad, a las conversaciones faltas de lógica y a la rareza que supone la ausencia de implicaturas, es decir, las cosas se muestran en primera instancia, tal como son, carentes de simbolismo para así desactivar el tópico o la convención. Sigue leyendo