Las irresponsables

Marta Poveda dirige en el Teatro Maravillas esta comedia insignificante de Javier Daulte sobre las confesiones anodinas de unas amigas

¿Qué habrán observado los adaptadores de este texto tan insustancial de Javier Daulte? Porque no solo ha subido a las tablas en Argentina y en España, sino que, además, ha contado con una versión cinematográfica igualmente olvidable. Si lo más gracioso de todo el montaje es que una de las protagonistas se come una «mierda» de perro, entonces, todo está dicho. ¿De qué va Las irresponsables? No lo sé. No atisbo el nudo. ¿De una tía inmadura de veintinueve años que lo deja con el novio y está muy triste? ¿Sobre una noche de chicas que aprovechan para gritarse mucho ya que tienen a un chucho muerto en la cocina? (Esto es una comedia, imagínense el desenlace). ¿De contarse secretitos de presuntas inmoralidades que no le importan a nadie? Sigue leyendo →

Hombres que escriben en habitaciones pequeñas

Antonio Rojano firma esta parodia a la española sobre espías que dirige Víctor Conde en el Teatro María Guerrero

Hombres que escriben en habitaciones pequeñas - Foto marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Las parodias sobre espías frecuentemente sirven para entretenernos con la hipérbole fantasiosa de la conspiración. Dependiendo de dónde vengan los aires se emplearán, por ejemplo, para criticar alguna situación política (véase el caso de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú) o, directamente, se utilizarán para crear una obra de acción fulgurante (véase Kingsman), pero sin mayor enjundia. Para nuestro caso, nos toca como referente Mortadelo y Filemón. Y es que los cómics, las películas ochenteras o los programas de Cuarto Mileno se conjugan en Hombres que escriben en habitaciones pequeñas. Y si hallamos algunas citas e indirectas a nuestros presos políticos/políticos presos o a la alargada sombra del comisario Villarejo que podrían servir como telón de fondo de una profundización mayor sobre las agencias de inteligencia; lo que cierto es que no podemos más que quedarnos en el mero pasatiempo. Es otra vez el español bajito y regordete que se enviste de héroe cutre, algo entrañable y, a la postre, patético y, sobre todo, quijotesco después de haber querido ser Sancho Panza en su modestia. No es la primera vez que Antonio Rojano se inmiscuye en estos embrollos. Ya lo hizo con Windsor y, sobre todo, con La ciudad oscura, aquella extraordinaria creación que se representó precisamente en la misma sala que ahora acoge su nueva creación. Pero, en este caso, uno tiene la impresión de que el dramaturgo ha tenido que acomodarse en sus ansias indagadoras ―como ha venido haciendo en sus últimos proyectos― y se ha volcado hacia una postura más complaciente con un público amplio. Sigue leyendo →