Navidad en casa de los Cupiello

Aitana Galán actualiza el clásico del napolitano Eduardo de Filippo sobre este conocido melodrama familiar

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Se puede anticipar la catástrofe viviendo como si no pasara nada, como si no hubiera un runrún que se oye a lo lejos, pero que en realidad ya está ahí, bajo tus pies. El melodrama construido en diferentes periodos por Eduardo de Filippo viene a mostrarnos esa imperiosa voluntad schopenhaueriana que nos mueve y nos inserta en la cotidianidad, aunque el futuro se plasme negro. No es muy complicado imaginarse la vida en Nápoles durante el siglo XX y este XXI, tan similar en tantos aspectos al sur español, esas bolsas de pobreza sempiternas y la histórica picardía, sumada a una consideración tan populosa de la familia. Sigue leyendo

La fiesta

Comedia agridulce sobre la decadencia de un matrimonio, cercado por la miseria y el aburrimiento

La fiesta - FotoA veces ocurre que todo el pescado está vendido a los quince minutos, que uno apenas espera la tragedia, ni la sorpresa; entonces, el foco, si el espectador no quiere caer en el tedio, apunta hacia otros aspectos, como el montaje, el movimiento de los actores y su actuación, o esos detalles casi inapreciables que un buen director sabe introducir para mejorar un texto que, como pasa en este caso, se agota en sí mismo. Igual podría durar tres horas, la vida entera o veinte minutos. Como esas pobres gentes del neorrealismo italiano o español que recordamos, por ejemplo, de Rocco y sus hermanos o de Surcos, donde las madres y los hijos, las madres y los maridos, sucumben al ritmo de un lenguaje repetitivo y moral, a unas costumbres dominadas por el machismo imperante, a una pescadilla que se muerde la cola cuando la miseria y el hambre marcan el día a día. La fiesta (1999), del dramaturgo italiano Spiro Scimone, expone la lucha dialéctica y vital de tres individuos atrapados por un devenir incierto. Sigue leyendo

Sueños y visiones del rey Ricardo III

Carlos Martín y José Sanchis Sinisterra reinventan al personaje shakesperiano en un mundo de tinieblas y fantasmagorías

Ricardo IIILa función estuvo determinada por la imprevista muerte de una de las grandes personalidades teatrales de este país como fue Andrea D´Odorico, a quien el director del Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, le dedicó un emocionadísimo recuerdo al finalizar la función. En otro orden de cosas, también estuvo la función determinada por las novedades sobre el caso Ricardo III que nos van llegando de Gran Bretaña; una vez que se ha confirmado que los restos encontrados en un aparcamiento de Leicester pertenecen al rey. Por lo visto sufría una escoliosis (más que joroba), debió de ser rubio y con ojos azules, además de un gran bebedor de vino y un engullidor de presas exóticas. Lo que nos encontramos encima del escenario es un hombre que supera los setenta años, al que le cuesta caminar y que pronuncia como si hubiera perdido varias piezas dentales. ¿Quién es ese Ricardo III? Un espectro, un avatar de la codicia y el odio concentrado durante una infausta juventud. Sigue leyendo