La pechuga de la sardina

Recuperan un texto coral de Lauro Olmo sobre las vivencias de unas mujeres en una casa de huéspedes

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Nos adentramos en una pensión regentada por la señora Juana, una de aquellas casas de huéspedes con paredes de papel y oídos atentos en aquellos años sesenta españoles. El autor, Lauro Olmo, se centra pertinazmente en recrear un espacio que él mismo define como «asfixiante»; de hecho, no permite la entrada de elementos disuasorios o esperanzadores que permitan vislumbrar otras perspectivas más optimistas de esa España.

La pechuga de la sardina ofrece todo un catálogo de personajes, la mayoría de ellos estereotipados y faltos de recorrido. Una obra de apenas hora y media con tal cantidad de vidas en juego, no da para más que presentarlos; y estamos hablando del acontecer de las experiencias lentas de unas mujeres en un país retrasado. No se puede afirmar que haya una protagonista única, Juana, podría ser como aquella doña Rosa de La colmena, alguien que reparte juego y que regenta su pensión como una buena madre. María Garralón destaca en su interpretación, tan natural, tan vivaz y, a la sazón, tan profundamente sentida imponiendo un tono y un ritmo que no es continuado por el resto. Junto a ella, su sirvienta, la Cándida, que también coge el paso de María Garralón y que se expresa con el gracejo pertinente demostrando que es una actriz con arrestos. Su compañero de flirteo es un pillo vendedor de periódicos con el que Víctor Elías se luce. Sigue leyendo

Calígula

La obra de Albert Camus llega al Teatro Fernán-Gómez con Javier Collado como protagonista excepcional

calígulaEl emperador romano pretende lo imposible. Calígula, después de vagar durante tres días tras la muerte de su amante-hermana Drusila, se dispone a ejercer sin freno su propia voluntad en una especie de orgía libérrima. La obra de Albert Camus no redunda en las locuras que supuestamente ejecutó Calígula por pura recreación biográfica, sino como un estudio moral acerca del cuestionamiento de la existencia; de cómo a pesar de cargar con todo el poder de Roma, el mismo emperador es un ser limitado (de ahí que busque enmascararse en la diosa Venus). Es vesania o simple impotencia de alcanzar el límite humano y no poder superarlo. Calígula transgrede la moral (asesinatos arbitrarios, repentina subida de impuestos a la plebe, usurpación de propiedades y herencias, juegos macabros…) como única frontera que todo ser racional desde su privilegiado puesto se puede permitir desbaratar. No opta por la ética nietzscheana en la que permanezca desculpabilizada la voluntad y los instintos cobren la fuerza que nunca debieron perder. No. Calígula hace relucir el niño que siembre ha sido y que, dolorido ante la contemplación de la muerte de sus seres queridos, se revuelve contra el mundo queriendo construir unas nuevas reglas, unas nuevas fórmulas de conducta, azarosas, donde el caos genere espacios inviables por los que encontrar la solución de la existencia humana. El fracaso es inapelable. Sigue leyendo