Angélica Liddell hace implosionar su obra con un soliloquio vesánico, para lamerse las heridas, en los Teatros del Canal

Hoy el genio es imposible y, de serlo, estará oculto de las estructuras de la sociedad de consumo. Quizá para descubrirlo haya de ser un iniciado. En los Teatros del Canal, en definitiva, no se puede hospedar en su escenario un genio. Acepto que Angélica Liddell, como romántica, no solo se reta con el diablo y con Dios para no sucumbir a la muerte y al desamor; sino que también acontece en duelo contra una cultura moderna que ha fagocitado todo hasta el sadismo y nos lo ha devuelto como suvenir. Así que de nada sirve que se haga cortes en las rodillas, vestida de negro como una gitana, mientras suena el casete de Las Grecas con su «Asingara»: «sin su amor no viviré», y que algún espectador se desmaye. Sigue leyendo


Por qué no reconocer que uno, a veces, cuando tiene que ponerse a escribir sobre un espectáculo es superado por la estupefacción de no saber a qué atenerse. Un texto que firma la Nobel Elfriede Jelinek, que tenemos presente por la escabrosa La pianista, que llevó al cine Michael Haneke. Este Viaje de invierno: el día que Jelinek dejó de tocar a Schubert, que no se ha traducido al español, es un texto escrito a partir de los lieder del compositor austriaco sobre los poemas de Wilhelm Müller. Una obra extensa y premiada que aquí se nos entrega reducida. 



