César Barló ha desplegado toda su dramaturgia por diferentes espacios del Teatro Fernán Gómez para realizar una atrayente versión sobre esta obra de Pirandello

Debemos congratularnos de que Juan Carlos Pérez de la Fuente haya favorecido el desarrollo de esta propuesta en el amplio y circular hall del Teatro Fernán Gómez. El uso de esos espacios no es novedoso; aunque, curiosamente, en el Teatro Lara, La función por hacer, versión de Seis personajes en busca de autor, que realizó Miguel del Arco, puso en marcha el off en aquel centenario lugar y catapultó a la compañía Kamikaze. Ahora es César Barló, quien procede de ese circuito alternativo, afincado durante gran tiempo en La Puerta Estrecha, el que aborda esta obra inacabada. Teatro dentro del teatro en su expresión del juego. Sigue leyendo

El dramaturgo Juan Carlos Rubio se ha buscado la vida para darle un marchamo cinematográfico a cada frase de este texto. Todo pensamiento, toda mirada, toda incursión por los pasillos y estancias del piso poseen su correlato, su glosa, fílmica. Estaremos de acuerdo que ahí está la ingeniosidad del montaje; pero que no deja de ser una carcasa para un argumento insignificante y endeble. Algo muy de andar por casa, que no incide en el drama de una madre sometida por el síndrome del nido vacío. No hay más que observar el espectáculo protagonizado el año pasado por Aitana Sánchez Gijón, de título
El mundo se ha vuelto tan complejo que bosquejar al proletariado como si nos avanzaran un futuro encadenante desde un pasado orwelliano resulta insuficiente. Quiero decir que estos riders, estos mensajeros que exprimen la energía joven de sus piernas, como Sísifos en ese engranaje kafkiano e inasible, son ellos mismos consumidores en su microclase, no son unos vagabundos ajenos a las dinámicas simbólicas, son esclavos que portan logotipos, fetiches de cartón piedra en el cosmos low cost, donde quien más y quien menos se da un capricho para resignificarse de alguna forma frente a los demás o contra el espejo donde nos reflejamos.
Si una propuesta va de una familia de cómicos, de payasos, de juglares, y no aborda estrictamente su periplo vital, entonces, de qué va. Pues de la esencia genuina de estos aviesos seres que cruzan la historia de las sociedades, en esa situación de marginalidad, de apuntalamiento cínico en la grieta, de vagabundeo entre la melancolía y la irrisión, de estar sin estar mientras el mundo se vuelve loco. Los bufones surcan el tiempo más allá del bien y el mal. Privilegiados en su precariedad. Por esto mismo, el planteamiento de este espectáculo es tan coherente. Porque poseer un firme argumento sería transgredir su pertinacia. 


