La rosa tatuada

Un Tennesse Williams menos melodramático en la versión de Carme Portacelli en el María Guerrero

Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

En el imaginario de muchos espectadores colea una adaptación cinematográfica en la que Anna Magnani completó un papel creado ex profeso para ella, donde consigue ─aparte del Óscar─ una interpretación que encajaba excelentemente con unas circunstancias históricas, sociales y una consideración de lo que implicaban los extranjeros provenientes de Sicilia a Estados Unidos. También es cierto que el film no es fiel al texto escrito por Tennessee Williams. La cuestión principal radica en: ¿cómo se puede modernizar un relato en el que las costumbres de los protagonistas nos parecen ahora fuera de todo tiempo y lugar? Carme Portaceli se ha embarcado en la difícil tarea de encajar unos modos anticuados, en una sociedad más estilizada. Si la historia de Serafina delle Rose (¿existe alguna otra obra literaria de calidad en la que se abuse tantísimo de un símbolo como en esta? Uno acaba pinchándose con esas rosas por todos los lados), una costurera, inmigrante en un pueblo cercano a Nueva Orleans, enamoradísima de su marido ─a la sazón, un camionero que transporta plátanos y mercancías de otro cariz─ que muere abrasado durante una persecución policial, nos parece increíble; no hay más que fijarse en cómo acaba con un hombre que se define en estos términos: «¡Scusami, Signora, soy nieto del tonto del pueblo de Ribera!». O sea, después de idealizar a su esposo, un hombre, por lo visto, muy atractivo, varonil e impetuoso, que la mantenía y la mantiene en perpetuo encantamiento, esta se «cura» con alguien que de tan bueno, es tonto (incluidas unas orejas de soplillo que le regala el dramaturgo). Sigue leyendo

El zoo de cristal

Silvia Marsó comanda una función desvitalizada sobre la obra de Tennessee Williams

El zoo de cristalEs la historia de Tennessee Williams, narrada por su álter ego, Tom Wingfield. Fue escribiendo la obra durante los años treinta y la terminó en 1944. El dramaturgo había regresado a su hogar cuando poco antes a su hermana Rose le habían practicado una lobotomía. Bajo esa tristeza (el escritor la consideraba su obra más triste) terminó El zoo de cristal y alcanzó el éxito. Apenas cuatro personajes trenzan el melodrama. Al principio, Tom, encarnado por Alejandro Arestegui, nos presenta en un breve discurso el marco en el que va a transcurrir el relato. De la misma forma, cierra la obra en un monólogo emotivo que gana en fuerza interpretativa. De hecho, Arestegui, sobre todo cuando está enfurecido debido a su frustración por no conseguir cumplir con sus sueños, logra los mejores momentos. Sigue leyendo