El alma de Valle-Inclán

El nuevo espectáculo de El Brujo indaga en las esencias biográficas del gran dramaturgo español a través de Divinas palabras

Cuando llegó la pandemia, El Brujo estaba enfrascado con su propuesta Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia, un montaje que poseía una estructura muy similar al que ahora presenta en el Teatro Cofidis Alcázar. Realmente aquel se ocupaba de Edipo Rey, y este, de Divinas palabras. Por eso son espectáculos ambiguos en cuanto al título, porque el meollo no suele ser tanto el autor como una obra concreta. Pero hablar de ambigüedad con El Brujo es pura redundancia. Vuelve a ser lo más interesante el momento transicional entre la captatio benevolentiae (aplausos primero, siempre nuestro artista es recibido así): unos versos del poema «Ave»; y el prólogo, tan extenso como las ramas le permitan irse ―mezcla de biografía personal, anécdotas de Valle-Inclán y la relación imperiosa con la realidad que le permite ironizar sobre el coronavirus y la política. Siempre contemporáneo―; y la penetración hacia una de las obras cumbre del gran escritor. Todo fingimiento de El Brujo tiene que ver irremediablemente con el metateatro; aunque a la antigua usanza, como el bufón que se las sabe todas y juega a que está jugando con la ingenuidad fingida. En este caso más, porque va a tomar la faceta de dramaturgo (y un texto teatral) de Valle. El actor se adentra y coge distancia, se acerca como ciudadano que ha estado confinado ―como el resto― para relatarnos cómo fue ideando este montaje (se puede hacer cierto seguimiento en los vídeos que colgó en su página web por aquellas) y se aleja en el enmascaramiento fantasioso al que nos concita. Sigue leyendo