Edurne Rubio recarga de humo la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán para llevarnos a una experiencia anodina

El lenguaje performativo se ha adentrado en el Centro Dramático Nacional con ganas de permanencia, a la espera de que el público menos acostumbrado a ese tipo de espectáculos los descubra o se espante. Si en el Teatro María Guerrero se aposenta LEXIKON, en el Valle-Inclán hace lo propio Tinieblas. Una propuesta que no se extiende más de una hora y que vuelve a exigirnos un compromiso más que excesivo. Completar, aumentar, añadir y otras tantas tareas para que el gesto mínimo no sea una nimiedad. ¿Se puede hacer teatro con tan poco? ¿O una vez que se establece como performance uno ya debe atenerse a sus laxas reglas? Sigue leyendo