Alguien voló sobre el nido del cuco

Pablo Chiapella protagoniza esta revisión de la afamada película desde una perspectiva excesivamente humorística

Mucho lastre es la versión cinematográfica de Milos Forman para esta visión teatral tan poco acibarada y tan insolente en su desfachatez humorística. Porque lo sustancial consiste en determinar, como así pretendía denunciar Foucault en su famosa historia, qué es la locura y quién determina quién está loco. Para ello es fundamental encontrar un tono preciso en el protagonista, McMurphy; no tanto para hacernos dudar de su cordura ―enseguida comprobamos que lo suyo va por otro lado―, como para adentrarnos en el marasmo de complicidades legales, morales y opresivas que llevan a un tipo así a un centro psiquiátrico. En el desenlace está la solución. En definitiva, Jack Nicholson nos demostró que era un tipo avieso, un dechado de vicios, un juerguista, un apestado social y, sobre todo, un camorrista dispuesto a montarla hasta el fin de sus días. ¿Por qué no calificarlo como chiflado ―ampliando un poco el término― para así aplicarle la medicina adecuada para tal dictamen médico? Jaroslaw Bielski ha permitido que a su montaje entre un intruso, un personaje que no corresponde con la novela de Ken Kesey; ha dejado que Amador, un gamberro salido y medio lelo que vive en la urbanización Mirador de Montepinar, se cuele para hacer de las suyas. Sigue leyendo

Veneno para ratones

Una obra de suspense sobre el encuentro de tres individuos que esconden secretos y ambiciones determinantes para su existencia

veneno-para-ratones_15El género del thriller está inventado y explotado con creces, aunque en el teatro no sea frecuente. Uno puede, y debe, intentar transgredir sus normas, pero si quiere mantener el suspense, es evidente que se tienen que cuidar una serie de máximas de imperioso cumplimiento. La primera de ellas es no dar explicaciones (aunque esto vale para cualquier obra literaria). Bien, pues Alberto F. Prados, autor de Veneno para ratones, no espera ni diez minutos para comenzar, a través de sus personajes, a explicar y a explicar. Un grave error de principiante que arrastra hasta el final. Tenemos a una madre, Julia, una señora que se ha dedicado a cuidar de una rica anciana de la que ha heredado parte de su fortuna. Vive con su hijo, Diego, un joven de veinticinco años, convertido en un maleducado dictadorzuelo de esos que podemos ver en el programa Hermano mayor y que, igual que en el espacio televisivo, se nos informa de su tortuosa infancia. Aquí se alcanzan tintes grotescos, tortuosos y hasta satánicos. La acción transcurre durante una tarde en la que recibirán la visita del novio que se ha echado Julia, un tal Mau, un hombre de negocios, un jefazo que debe manejar mucha pasta. Para no desvelar demasiado del argumento, simplemente comentaremos que el dramaturgo quiere rizar el rizo y volverlo a rizar. Sigue leyendo