Una noche sin luna

Juan Diego Botto se pone y se quita la máscara de Lorca para arrastrarnos a un espectáculo tan atrayente como populista

Una noche sin luna - Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

San Federico García Lorca vuelve a subir a los escenarios para iluminarnos con el ejemplo de su mirada, para avisarnos de lo que puede ocurrir si no estamos atentos a las señales siniestras. Lo paradójico es que se nos imponga un farsante que juguetea con la máscara irónica de la bonhomía y de la pureza moral. Uno ya tiene claro que Sergio Peris-Mencheta ha entendido cómo funcionan las industrias audiovisuales y escénicas, pues está instruyéndose en Estados Unidos (véase lo que ha hecho con Lope en Castelvines y Monteses). Y entre lo que comprende y lo que anhela artísticamente, se estira más hacia el riesgo o se encoge más hacia el público complaciente. Tiene la inteligencia y la ambición necesarias para perfilar el producto idóneo, para que su prestigio se siga agrandando y para que sus excesos, a veces, maximalistas, no lo arruinen. Ganarse al respetable con la biografía espiritual del poeta granadino es harto fácil si se tiene cintura. Siempre se juega en casa y uno se conoce el desenlace de memoria. Sigue leyendo

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