El corazón de las tinieblas

Darío Facal ejecuta certeramente una deconstrucción antropológica sobre la célebre novela de Joseph Conrad

Las interpretaciones psicologistas sobre la novela de Conrad han sido habituales en ciertos ámbitos de la crítica literaria, en una búsqueda denodada de los arquetipos jungianos, por ejemplo. Sin ser desdeñable el aspecto alegórico, Darío Facal ha querido cargar las tintas en el aspecto político para mostrarnos la obra como un espejo en que se reflejen nuestras contradicciones actuales. Para ello enmarca la función con un prólogo, demasiado espontáneo en su proceder, ejecutado por Ernesto Arias; en el que se nos comunican esas cuitas eternas sobre la antropología, sobre si nosotros, que somos el mundo civilizado, el que ostenta las virtudes y los derechos humanos, debe intervenir en aquellos lugares donde se cometen atrocidades, cuando paradójicamente también nos aprovechamos comercialmente de esos mismos destrozos. Moralizar y ganar, el culmen de la hipocresía. ¿Qué hacer? El epílogo es una colección de nuestras más célebres paradojas o de la imposibilidad de ser moralmente impoluto bajo la doctrina kantiana imperante. En una mano sostienes un donativo para una ONG que ayuda al desarrollo de los países más pobres de África porque eres una persona educada y solidaria; y con la otra sostienes un teléfono móvil que lleva dentro coltán, un mineral que se extrae en las minas de esos mismos países africanos donde fuerzan a niños en jornadas laborales infames. Sigue leyendo

Satisfaction

Una comedia de aire juvenil sobre un joven científico que viene del futuro a salvar a su madre

Satisfaction - FotoAunque no son pocas las películas que han tratado ampliamente el tema de los viajes en el tiempo, no es en absoluto habitual encontrarlo en el teatro. En Satisfaction nos topamos con Rubén, un joven científico que ha venido desde el futuro para salvar a su madre de un accidente de avión. Transformada en una comedia de enredo, con cierto toque a film ochentero y ritmo televisivo, aporta como juego visual el hecho de que participen unas gemelas que nos llevan a un final que podría ser más sorpresivo si no fuera tan abrupto. Podría considerarse, incluso, una obra de entretenimiento para adolescentes, aunque no sé si a sus padres les gustaría que cada uno de los cuatro actores esputara cada cinco minutos la expresión «¡hostia-puta!» o «¡cojones!», sin venir mucho a cuento. Todavía me pregunto por qué se utiliza ese lenguaje como si fueran muletillas de unos barriobajeros cuando el contexto no lo pide. A veces se busca así la risa fácil. Mal camino. Uno tenía la esperanza de que aprovechando que la cuestión esta de los viajes intertemporales estaba inédita en las tablas, que se hubiera aprovechado para ofrecernos algún giro distinto, alguna perspectiva peculiar; pero lo que descubrimos es, otra vez, la colección de tópicos propios de estas historias. Sigue leyendo