El público

Àlex Rigola lleva a Lorca hacia la esencia de su intimidad en una propuesta sublime, con exquisito cuidado y detalle

El público (2)Adentrarse en una obra como El público y en una autor como Lorca, en esa etapa que inició allá por 1929 hacia el surrealismo, implica una ensoñadora aventura que busca la intimidad de alguien en constante huida. No debemos hablar, en concreto, de lo que cuenta el texto, sino más bien de lo que quiere expresar. El público posee tantos estilos como capas se imbrican en la escena; desde su lenguaje conceptista, barroco, de evocaciones oníricas, que configura el mimbre del resto de niveles, hasta el metateatro, no solo porque se representa otra obra, Romeo y Julieta, sino porque se habla del hecho teatral, como si los personajes fueran críticos de su propio oficio, pasando por saltos en el tiempo y el espacio repletos de un sensualismo que hiere entre la manifestación sincera, la evidencia del amor en los hombres y la defensa de las pulsiones. Es, en definitiva, un cuadro cubista, una deconstrucción del mundo lorquiano y, en manos de Àlex Rigola, una experiencia estética montada con exquisito cuidado y detalle. Sigue leyendo

Con la claridad aumenta el frío

Es una obra que requiere del conocimiento previo del autor para su plena comprensión

conlaclaridadaumentaelfrio2_fichaAl fondo, en una pantalla, se filma un fragmento de aquella grabación que Glenn Gould realizó en 1981 de las Variaciones Goldberg. Un tresillo, un par de butacas y unas mesillas para el café. Un periodista se dispone a entrevistar al famoso escritor austriaco, nacido en 1931, Thomas Bernhard. A este, lo acompaña una mujer mayor que él, a la que llama su «tía» y que, en realidad, es su pareja, su compañera, y tiene 37 años más que nuestro protagonista. El texto se basa en la obra póstuma Mis premios, una especie de autobiografía sui géneris en la que Bernhard eleva a la categoría de arte una colección de anécdotas a la sazón del relato sobre sus galardones literarios. Sigue leyendo