Transformación

Paloma Pedrero ha escrito una obra sobre tres auténticos transexuales que saltan a escena para interpretar sus relatos

marcosGpunto

Recientemente en España ha irrumpido una filosofía, una teoría, que ya cuenta con más de cuarenta años de historia. Me refiero, claro, a la queer, que, hasta entonces, se había mantenido en el estricto terreno de la marginalidad. Una vez que se ha academizado y que el movimiento ha tomado fuerza en Estados Unidos, ha venido para transgredir y reconfigurar la cuestión del sexo, del género, de la biología y de la identidad, entre otras, intromisiones. Si nos aproximamos al asunto de la transexualidad, la susodicha teoría, al poner en solfa el concepto sexo («el sexo no existe»), todo se dirime desde el constructo social, llegando a planear la idea de la tabula rasa. La estupefacción a la que llegará la sociedad va a ser proverbial; pero ya estamos en ello, y los hitos anonadantes se irán sucediendo. La autodeterminación de género se convierte en derecho, sin aclarar esencialmente de qué estamos hablando realmente. Lo paradójico es que la teoría queer, que afirma que desea abolir el género, termina por favorecer toda una ristra de constructos alternativos a los que algunos individuos se «adaptan»; porque el vacío animista parece que te aproxima a la mística, a la unión con Dios. Ese es el caos que ha implosionado, con tal significancia, que ya se está legislando sobre ello. Todo este meollo debe ser dirimido fuera de estas líneas, pues aquí lo que nos compete es una obra de teatro. Sigue leyendo

Ana el once de marzo

Los atentados de Madrid en 2004 reflejados en el sentir de un grupo de mujeres unidas por la coincidencia

ana-11Esta breve pieza que dirige Paloma Pedrero en la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español surge de la propuesta que en su día lanzó el director de escena Adolfo Simón a varios dramaturgos para que escribieran acerca de los atentados del 11M. Es, por lo tanto, un texto de circunstancias y destinado a expresar un hecho de gran conmoción para la sociedad de aquella época. El tiempo ha pasado, lógicamente, y aunque sería necesario bastante más, la obra que ahora podemos contemplar se puede juzgar más fríamente. Creo que es muy necesario reproducir las palabras que la dramaturga escribió al hilo de su propia obra: «Siempre las mujeres hemos sido las víctimas primeras de la violencia del mundo. De un mundo diseñado por los hombres para la lucha por el poder y el territorio. Siempre las mujeres hemos sufrido frontalmente las guerras de los hombres, las violencias de los hombres, su cultura descorazonada y radical. ¿Cuántas terroristas islámicas colocaron mochilas en los trenes madrileños? Ninguna está procesada. Y, como siempre, sin embargo, ¿cuántas mujeres murieron, cuántas fueron heridas, cuántas perdieron a su hija, a su padre, a su compañero?». Esto lo leí después de asistir a la función. Sería demasiado fácil rebatir tal cantidad de falacias. Hablemos de teatro. Sigue leyendo