No me olvides

Alfonso Lara nos embarca en un viaje de supervivencia por la Rusia revolucionaria de la mano del cantaor Juan Martínez

Lo de la hibridación entre la literatura y el periodismo, entre la novela y la crónica, viene de lejos. Ahora que es tan habitual la autoficción, conviene recordar, por ejemplo, esta obra de Manuel Chaves Nogales, publicada en 1934, y que relata las peripecias de Juan Martínez, un cantaor, un cabaretero que, con su mujer, la Sole, recorrió parte de Europa, desde París en 1914 hasta vivir desde dentro la Revolución de 1917; cuando no hacía más que buscar un país en paz mientras corría la pólvora de la Gran Guerra. Lo atrayente, desde luego, es la intrahistoria. Seguir los pasos de un tipo (ella se ve arrastrada y se muestra bastante dócil) del que no podemos afirmar que sea un gran artista ―ni siquiera, quizá artista, o todo lo contrario, un grande, pero impotente―, que, como ocurre hoy en día por el mundo con algunos «folclóricos» de cartón piedra, no hace más que ser un suvenir viviente que representa los tópicos culturales de su país para ganarse el pan. Alguien que se adapta, que se metamorfosea, que se camufla y que expele la astucia necesaria para sobrevivir en la hostilidad permanente. Antros de mala muerte, garitos regentados por magnates y por príncipes, restaurantes de alto copete, palacios inconmensurables. Cada dos por tres de la ceca a la meca como dos vagabundos arrastrando el frío en los hombros (detalle estupendo, entre otros, en el vestuario de Guadalupe Valero). Sigue leyendo

Los justos

La obra de Albert Camus se adapta en clave etarra en el Matadero

Los justosLa acción se sitúa en 1979, año en el que ETAm (militar) asesinó a 65 personas; el año anterior había terminado con la vida de 60 ciudadanos, para completar en 1980 con las 204 víctimas que sumaron en aquel trienio terrorífico. Un largo preámbulo dispone a los cinco gudaris a ritmo de txalaparta sobre un cajón de tierra que parece alimentarlos. Después, escarban para encontrar unos cabos que los mantendrán anclados durante la primera parte. A partir de ahí, bajo esa propuesta, se irán desplazando en una danza macabra mientras las ideas se contraponen en la preparación de la ekintza. Sigue leyendo