Sueños y visiones del rey Ricardo III

Carlos Martín y José Sanchis Sinisterra reinventan al personaje shakesperiano en un mundo de tinieblas y fantasmagorías

Ricardo IIILa función estuvo determinada por la imprevista muerte de una de las grandes personalidades teatrales de este país como fue Andrea D´Odorico, a quien el director del Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, le dedicó un emocionadísimo recuerdo al finalizar la función. En otro orden de cosas, también estuvo la función determinada por las novedades sobre el caso Ricardo III que nos van llegando de Gran Bretaña; una vez que se ha confirmado que los restos encontrados en un aparcamiento de Leicester pertenecen al rey. Por lo visto sufría una escoliosis (más que joroba), debió de ser rubio y con ojos azules, además de un gran bebedor de vino y un engullidor de presas exóticas. Lo que nos encontramos encima del escenario es un hombre que supera los setenta años, al que le cuesta caminar y que pronuncia como si hubiera perdido varias piezas dentales. ¿Quién es ese Ricardo III? Un espectro, un avatar de la codicia y el odio concentrado durante una infausta juventud. Sigue leyendo

Trágala, trágala

Íñigo Ramírez de Haro hace revivir a Fernando VII para crear una sátira sobre los «males de España»

Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Con la venia de un autor que presume de sincero y crítico, habrá que afirmar desde aquí que su Trágala, trágala ha coincidido en el tiempo con el regreso de José Luis Moreno (con su sainete televisivo) y con la muerte de Pedro Reyes (puro antagonismo) y que, además, en este país se ha fraguado durante los últimos diez años aproximadamente un tipo de humor absurdo, ininteligible y paradójico destinado, en esencia, a jóvenes menores de cuarenta años. Por eso cabe preguntarse hacia quién va dirigido este espectáculo, ya que cuando hablamos de humor el olfato sobre el presente debe ser muy fino. Desde mi perspectiva la gracia que hubiera tenido esta obra hace cuarenta años, por ejemplo, ahora no la tiene, quizás porque llegamos demasiado tarde a la sátira monárquica. Hasta hace diez años nadie se metía con el rey cuando en Inglaterra llevaban trescientos años haciéndolo. Luego todo se precipitó y, ahora, sacar a colación amantes, yernos y elefantes apenas es subversivo. Sigue leyendo