Refugio

Miguel del Arco traza la historia de una familia y un refugiado sirio ante la tesitura de la incomunicación

Foto de marcosGpunto

Europa dentro de un cubo, de un búnker acristalado donde se recluye la cultura milenaria y triunfante como el tiburón disecado de Damien Hirst. Incapaz de renacer en este capitalismo tardío en el que las plusvalías son cada vez más escasas —nada que ver con las posguerras o el despegue tras una dictadura o tras la caída de un muro—. Si no hay mucho que repartir, dónde queda la exitosa socialdemocracia. Esclavos del hijo bastardo que nos gobierna desde el otro lado del océano y petrificados ante un futuro repleto de incertidumbres, cuando deberíamos solazarnos por estos decenios de paz. Ponga un refugiado en su familia. Miguel del Arco partió de Teorema, el film de Pasolini que dirigió en 1968; pero el resultado queda muy alejado. ¿En qué medida Farid, un migrante sirio, perturba la vida de esos especímenes en plena descomposición? La incomunicación es permanente, es como si hubieran adoptado a un niño mudo y se negaran a aprender la lengua de signos; es casi un elemento decorativo propio de advenedizos. Sigue leyendo

Numancia

Pérez de la Fuente amplifica la historia de los numantinos con un espectáculo que mira a nuestro mundo actual

Numancia - FotoEn general, los estudiosos del teatro cervantino «salvan» los Entremeses y esta obra que aquí tenemos, titulada Numancia o Cerco de Numancia o La destrucción de Numancia, que pudo tener en su momento tres actos (algo novedoso para la época), pero que el texto que manejamos lleva cuatro jornadas. El argumento consabido daría como mucho para un episodio; es grandiosa y significativa la anécdota de los numantinos, pero cuesta imaginársela como relato autónomo y consistente. Precisamente por este hecho, la versión que nos presenta Juan Carlos Pérez de la Fuente podría recortarse leventemente con tal de no extender un acontecimiento ejemplar, que por falta de personajes individuales con los que identificarse debe sobredimensionarse estéticamente mediante manifestaciones alegóricas. Sigue leyendo

Medea

Aitana Sánchez-Gijón encarna al mito griego en una función que deriva en performance

MedeaEs claro que Andrés Lima ha plasmado en el escenario de La Abadía su particular «tour de force» acerca de Medea. Otra vuelta de tuerca a ese mito tantas veces representado que se despliega épicamente entre las sombras, el ruido y los chillidos, pero también entre la música, la poesía y el cuerpo.El prólogo que declama desde la oscuridad Lima repasa el árbol genealógico de la protagonista, con esa intención de recordarnos que pertenece a una estirpe de dioses, que ella misma es una maga, una hechicera, al igual que la famosa Circe de quien era sobrina. Al finalizar la teogonía, surge entre aullidos y, arrebatadoramente, Aitana Sánchez-Gijón metamorfoseada en la doliente Medea. Seguramente sea el papel en el que más se haya entregado nunca. Expele con agonía cada uno de los versos y entrega su cuerpo vivaz, enérgico y semidesnudo a los designios de su destino. Volver a la tierra, a la naturaleza, al barro primigenio del que nace su magia. Su herida sangra de principio a fin.

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