La habitación de María

Una dramedia sin fuste, escrita por Manuel M. Velasco, para una propuesta endeble protagonizada por Concha Velasco

Foto de Sergio Parra

En 2016, la Reina Juana que firmó Ernesto Caballero y que dirigió el recién fallecido Gerardo Vera en el Teatro de La Abadía pudo haber sido un magnífico colofón para una actriz de tan larga y exitosa carrera. Pero no ha sido así, y Concha Velasco se ha embarcado en proyectos que ya en su planteamiento hacían aguas. La habitación de María es un desastre, se tome por donde se tome. Comenzando por un texto de su hijo, Manuel Martínez Velasco, que es propio de un amateur, y que carece del más mínimo ensamblaje. Un argumento que no despega en lo cómico y que se agarra a lo dramático en el tramo final para zarandear emocionalmente a un público cautivo y embebido por la estrella. Los rasgos chocantes de inverosimilitud que recorren la función no tienen justificación ni como astracanada. Primeramente, porque a estas alturas de la película nadie se cree que una señora que justo cumple ochenta años pueda ganar el Premio Planeta (con lo fácil que era darle otro institucional). Cualquier ciudadano mínimamente enterado sabe que ese galardón se encarga (a ser posible a alguien popular, de la tele) para luego montar la ceremonia entre el fingimiento de la prensa. Precisamente, alguien que padece agorafobia no solo rehuirá salir de casa para recoger el trofeo; sino que se negará a viajar por media España para promocionar el bestseller. Se nos quiere dar la sensación de que es una escritora de cierto prestigio, solitaria, encerrada en casa, que está a punto de terminar su última novela y que tiene que decidir en ese momento cuál será el final. Y lo hace como si fuera una de esas historietas adolescentes de «elige tu aventura». Sigue leyendo