Escena: Fin de temporada 2014-2015

Repaso a las mejores obras teatrales que hemos podido disfrutar en las salas madrileñas

Escena de InvernaderoLa burbuja teatral en Madrid no para de hincharse, uno ya es incapaz de contar cuántas salas se abren y en cuántos lugares se monta una obra buscando llamar la atención de un público que ya no sabe dónde acudir, y que no se puede repartir más. Si no se adopta una estrategia efectiva (debe pasar por la pedagogía, por construir nuevos espectadores) el pastel no va a dar para tanto. Pierden los actores en sus derechos laborales y pierde el teatro en esa complacencia por agradar y buscar el éxito a cualquier precio. El filtro se ensancha y muchos textos se representan de cualquier manera. Otro tema que las pequeñas salas no deberían dejar pasar por alto es la comunicación. Sigue leyendo

La cortesía de España

Lope de Vega se cuela en el Matadero con La cortesía de España, una obra sobre las cargas de la tradición

la-cortesia-de-españaPresenta, y muy bien, la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico un comedia, tildada de famosa, de esas de enredo. Como suele ser propio en Lope y otros autores de la época, la trama se dispone a través de los amores de sus protagonistas que, entre equívoco y equívoco, van lanzándose hacia un final que se adivina feliz, pero que dada la confusión, no sabe uno quién acabará con quién. La cortesía de España no solo es una comedia de costumbres urbana como El acero de Madrid o La noche de San Juan donde aparecen ciudades de nuestro país, sino que, en esta ocasión, uno de los protagonistas y su sirviente viajan por Génova, Venecia o París, todo un tour que se va reflejando en unas acertadas proyecciones de vídeo repartidas a tres alturas: en un ciclorama, en unas cortinas y en las puertas giratorias. Resulta, por lo tanto, una escenografía sencilla, minimalista, en apariencia, con una especie de pasarela como si fuera un puente veneciano, con portalones que van metaforizando aún más la trama con sus giros y una serie de pequeños elementos que matizan el espacio como unas sillas con un elevado respaldo hueco, elegantes, y que no disuaden la mirada del espectador. A esto se añade un vestuario equilibrado en los colores, diseñado por María Araujo y una música basada fundamentalmente en una sonora percusión ejecutada por Mauricio Loseto que va hilando cada una de las escenas. Sigue leyendo