Cuando caiga la nieve

Julio Provencio dirige el texto de Javier Vicedo, un drama con tintes de humor negro a través de una estructura poliédrica

Foto de Susana Martín

¿Por qué nos debería interesar una obra que se presenta como una «comedia negra y macabra… alrededor de una anécdota banal»? Demasiada banalidad y, encima edulcorada, afirmarán muchos al terminar. La poesía se reduce a la nieve y a las metáforas que eternamente la han ido resimbolizando: la senectud-muerte, el silencio, el olvido y la gruesa capa que nos evita presenciar la realidad. Aquí, además, la cencellada se imbrica con la ceniza de los muertos. Quizás, inconscientemente, Javier Vicedo Alós ha escrito un cuento creyendo que estaba conformando una obra teatral. Contamos con cuatro personajes que, como viene siendo ya corriente en las salas españolas de nuestra contemporaneidad, nos van a narrar, a contar, su relato (es una forma también de ahorrarse personajes, actores, escenografía). No voy a insistir en mi juicio sobre el abuso de la narración en el teatro; aunque este es otro ejemplo de lo que supone como experiencia para el público por lo que voy a argumentar a continuación. La obra, inicialmente, poseía un atractivo, un misterio; ver a ese chico tumbado sobre un manto de plumas que simulan la nieve y su tono melancólico acerca del peso de su infancia y la relación con su madre y su padre, parecía que nos llevaría a profundizar sobre motivos existenciales de calado; pero, por desgracia, las escenas no llegan a confirmar la sospecha, sino a derrumbarla. Sigue leyendo

Placenta

Recorrido vital de una joven el día que España quiso reclamar la mayoría de edad

Foto de Alicia López
Foto de Alicia López

Si para algo debe servir un Festival como el Surge es para comprobar hasta qué límite están dispuestos los creadores a tocar. En este caso, Julio Provencio presenta su obra Placenta en el Teatro Guindalera. Digamos que es el claro ejemplo de alguien que ha escrito una historia, que tiene estipulado lo que quiere contar, de dónde quiere partir y adónde quiere llegar, pero que ha sido «víctima» de ciertas convenciones que no le han permitido dar cuenta de todas sus concepciones. Placenta se basa prácticamente en el esquema de las tragedias clásicas. Cumple con las tres unidades tal y como Aristóteles lo expuso en la Poética. Contamos con una única acción destinada a la catarsis. Una joven procedente del País Vasco, huérfana de madre y con un policía nacional como padre, llevan un tiempo viviendo ya en Madrid después de verse obligados al exilio por las presiones terroristas. La protagonista es apaleada en una carga llevada a cabo por los antidisturbios durante las concentraciones del 15M en 2011; magullada y dolorida recibe el socorro de una vieja prostituta con quien mantiene una entrevista reveladora. La unidad de tiempo es evidente, aquella famosa fecha de las reivindicaciones políticas en España. Mientras que la unidad de espacio es el entorno casi callejero de la vivienda donde vive la meretriz. Sigue leyendo