La grieta, entre animales salvajes

Un thriller compuesto de múltiples historias que sitúan a los tres protagonistas al límite de su humanidad

La grieta - FotoArrastra La grieta, entre animales salvajes hacia las tablas una concepción estética que ha producido un notable éxito con una webserie (http://serielagrieta.es/), donde precisamente se plasma ese sentido paradójico y sorpresivo que ahora vemos expuesto teatralmente. Tres amigos se desplazan al campo para vivir su particular descanso rural, esas depuraciones un tanto encorsetadas y snob de los urbanitas con las que pretenden liberarse de los ritmos frenéticos de la ciudad. A partir de su llegada, por el tono que se establece, uno permanece a la espera de que ocurra ese hecho transgresor que ponga en marcha toda la trama; pero lo que el espectador no concibe es que esas transgresiones se concatenen una detrás de otra en una sucesión de escenas altamente extrañas. No podemos afirmar que las escenas que componen la obra sean estrictamente sketchs porque, aunque tengan autonomía, forman parte de algo así como hipótesis ensoñadas; una especie de derivaciones chocantes que acontecen en momentos determinados, pero que luego terminan para regresar al punto de partida y continuar. De esta manera, por ejemplo, uno de los tres puede desaparecer, se genera una discusión entre los otros dos y, casi de improviso, se vuelve atrás. Es difícil comentar lo que ocurre en esos episodios sin destripar su contenido y la estupefacción que provocan; sencillamente se pueden describir como acontecimientos fantasiosos que plantean posibilidades que atentan contra la moral establecida o que abren soluciones que prácticamente a nadie se le pasarían por la cabeza. Sigue leyendo

El encuentro

Después de 37 años se recrea el trascendental encuentro entre Suárez y Carrillo evitando todo desliz panfletario

A1-33888719.JPGEl domingo 27 de febrero de 1977 se reunieron en la finca del periodista José Mario Armero dos líderes antagónicos puestos ahí por la historia (no desde luego por ningún pueblo). Enfrentados bajo tintes pugilísticos, la Sala Pequeña del Teatro Español acoge a un Santiago Carrillo bronco, temeroso y hasta chulesco (muy alejado de la imagen que la gente más joven de este país tenía de él cuando se le escuchaba en los micrófonos de la SER por las tardes en una tertulia) que un actor como Eduardo Velasco perfila sin caricaturización, apostando por una especie de seguridad dubitativa muy apoyada en los gestos de los brazos, en la mirada y, sobre todo, en las pausas. Al otro lado del cuadrilátero, iluminado por los brillos del coñac, José Manuel Seda interpreta a un Suárez que por momentos pierde los nervios, que llega incluso a soltar palabrotas con su flequillo impertérrito y su sonrisa encantadora. Sigue leyendo