La voz humana

Israel Elejalde dirige a Ana Wagener en una versión más contemporánea del drama de Cocteau

Foto de Vanessa Rabade
Foto de Vanessa Rabade

El teléfono ya no es lo que era, ni lo que fue en aquel París de 1930 cuando Jean Cocteau escribió La voz humana. Lo que había sido un enorme avance para la comunicación, esa posibilidad de charlar con alguien fácilmente, sin moverte de tu casa; ahora se ha transformado, gracias a los móviles, en el control absoluto de los otros. Aplicaciones tan populares como WhatsApp nos informan de si nuestro pequeño mensaje se ha recibido, cuándo se ha conectado por última vez la persona a la que nos queremos dirigir, etc. Pero, además, los smartphones nos permiten muchos otros modos de control, incluida la localización exacta de un individuo vía satélite. Estas nuevas circunstancias me llevan a pensar si la versión de Israel Elejalde no podría haber sido más ambiciosa en su modernización (él mismo la ha situado en el presente, con el aparatito de marras sonando sobre la cama y con referencias a gadgets como pendrive); puesto que el teléfono, para la protagonista, es un elemento metafórico y material de primer orden para agarrarse a la voz de su amado en esa última conversación. Sigue leyendo

La voz humana

La versión de Antonio Campos sobre el texto de Cocteau nos ofrece la perspectiva de un hombre despechado

Antono-Dechent-e1438072592994No hace muchas semanas me sorprendí con la última película en la que actuaba  Antonio Dechent, Obra 67, una de esas cintas destinadas al culto underground de  nuestro país (si no cae directamente en el olvido). En ella se demuestra otra vez que este actor es verdaderamente  sobresaliente, que es un secundario con un empaque  monumental. En la versión de La voz humana que Antonio Campos dirige  sobre el texto de Jean Cocteau, donde, en lugar de  ser una mujer la despechada,  es un hombre; la construcción del personaje que construye Dechent  ofrece una  perspectiva que se escapa de los tópicos.

Jean Cocteau exprime sus conocimientos experienciales sobre lo femenino, con esa sensibilidad que  poseía para el manejo de las emociones. La situación es muy sencilla,  aunque el sentimiento de desgarro sea muy profundo. En este caso, un hombre dentro  de un dormitorio, tumbado sobre la  cama, va a recibir la llamada, varias llamadas (no  funcionaba suficientemente bien el teléfono en aquella época en París) que se cortan como si fueran infartos de miocardio. Aquella será la última vez que vuelvan a dirigirse la palabra. Lo suyo ha terminado, pero la pérdida no significa, desde luego, lo mismo para los dos. Sigue leyendo