Los santos inocentes

La adaptación de Fernando Marías y Javier Hernández-Simón sobre la novela de Miguel Delibes se mueve entre el simbolismo y el comedimiento

Los santos inocentes - Foto de marcosGpunto
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Definitivamente debo estar equivocado, a tenor del éxito general de esta propuesta. A mí esta versión teatral que firman el fallecido novelista Fernando Marías y el dramaturgo Javier Hernández-Simón me parece que incide en algunos de los elementos que menos me convencen de la novela de Miguel Delibes. Aunque antes creo que debemos empezar por la situación del espectador medio, aquel que mantiene en su retina la perspectiva cinematográfica de Mario Camus, y que se convirtió en una las cintas señeras de la filmoteca española. Es decir, no podemos acudir al Matadero —ya han recorrido casi todas las provincias anteriormente— y obviar el film. No obstante, creo que lo interesante es especular con la mirada de esos estudiantes que acuden antes al teatro que a la novela y a la película. Qué puede observar alguien de las nuevas generaciones, un urbanita con el móvil soldado a los dedos, alguien sin pueblo familiar al que asistir en verano, donde aún quede algún retazo de lo que fueron en un pasado reciente. Seguramente les parezca algo absolutamente remoto; pero no estoy seguro de que vayan a percibir el olor de la miseria, la falta de agua y de luz, el frío de la intemperie; puesto que esta es una adaptación higienizada y carente de naturalismo. Sigue leyendo

Mariana Pineda

Laia Marull se mete en la piel de la heroína liberal, en esta propuesta de Javier Hernández-Simón en el Teatro Español

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En 1927 Margarita Xirgu, a quien está dedicada esta obra, se mete en la piel de la heroína granadina Mariana Pineda. En 2015, Laia Marull encarnó a la Xirgu en un biopic y ahora protagoniza este montaje que dirige Javier Hernández-Simón sobre el texto de Federico García Lorca. Yo creo que este proyecto, principalmente, posee dos grandes atractivos. Por un lado, la interpretación de la actriz catalana, quien despliega sus aptitudes actorales para sujetar a un personaje que puede dar pie a la exacerbación; pero que aquí observamos tan pasional como racional, tan maduro, si cabe, como arrebatador en el desenlace. Marull tiene una enorme capacidad para expresar las emociones a flor de piel, a punto del lloro o de la ira, y esa pulsión se mantiene durante toda la función. Por otra parte, el espacio escénico pergeñado por Bengoa Vázquez es absolutamente significativo, escultórico y muy llamativo; pues una colección de tiras, de gomas rojas, configuran diversas figuras que evocan un telar o un mantón o una cárcel, de maneras muy sugerentes. Lástima la inclusión de todas esas puertas móviles, que me parecen un pegote que afea la estructura preponderante. El vestuario de Beatriz Robledo es coherente con el enfoque general y nos traslada perfectamente a la época. Destaca por encima de todo el vestido encarnado de la protagonista, tan simbólico, y que visualmente empasta generosamente con la propuesta escenográfica. Sigue leyendo

Fuente Ovejuna

La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico dinamiza esta atrayente propuesta sobre el clásico de Lope

Es, sin duda, una de las obras de teatro español más conocida; se sigue comentando en los institutos e, incluso, leyendo. Aunque también es cierto que los acontecimientos históricos y dramáticos han derivado en una lectura un tanto errónea en el acervo popular; puesto que se habla de ella como la comedia que defiende que la unión hace la fuerza. Hoy en día no parece aceptable a nuestros ojos la actitud de los lugareños de aquel pueblo cordobés frente al comendador, Fernán Gómez. El tiranicidio como justicia y refrendada por los reyes. Fuente Ovejuna siempre ha sido, en cierta medida, una obra desigual. Primero porque la historia de amor entre Laurencia, aquí con una Paula Iwasaki poderosa y, a la vez, zalamera, y Frondoso, que Pablo Béjar, a pesar de que se le ve algo aniñado, es capaz de expresar heroísmo; y en la que interviene el propio comendador —interpretado por Jacobo Dicenta con buenas dosis de engreimiento y aplomo dramático—, no sirve ni de columna vertebral ni de núcleo tensional suficiente como para atraernos, por mucho que nos topemos con encuentros de flirteo entre los amantes o el rapto de la labradora encienda los ánimos. Por otra parte, la tendencia abusiva a remarcar el grupo disuelve en él a los posibles secundarios y a la concreción de subtramas que complejicen el drama. Sigue leyendo

Los justos

La obra de Albert Camus se adapta en clave etarra en el Matadero

Los justosLa acción se sitúa en 1979, año en el que ETAm (militar) asesinó a 65 personas; el año anterior había terminado con la vida de 60 ciudadanos, para completar en 1980 con las 204 víctimas que sumaron en aquel trienio terrorífico. Un largo preámbulo dispone a los cinco gudaris a ritmo de txalaparta sobre un cajón de tierra que parece alimentarlos. Después, escarban para encontrar unos cabos que los mantendrán anclados durante la primera parte. A partir de ahí, bajo esa propuesta, se irán desplazando en una danza macabra mientras las ideas se contraponen en la preparación de la ekintza. Sigue leyendo