Fuente Ovejuna

La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico dinamiza esta atrayente propuesta sobre el clásico de Lope

Es, sin duda, una de las obras de teatro español más conocida; se sigue comentando en los institutos e, incluso, leyendo. Aunque también es cierto que los acontecimientos históricos y dramáticos han derivado en una lectura un tanto errónea en el acervo popular; puesto que se habla de ella como la comedia que defiende que la unión hace la fuerza. Hoy en día no parece aceptable a nuestros ojos la actitud de los lugareños de aquel pueblo cordobés frente al comendador, Fernán Gómez. El tiranicidio como justicia y refrendada por los reyes. Fuente Ovejuna siempre ha sido, en cierta medida, una obra desigual. Primero porque la historia de amor entre Laurencia, aquí con una Paula Iwasaki poderosa y, a la vez, zalamera, y Frondoso, que Pablo Béjar, a pesar de que se le ve algo aniñado, es capaz de expresar heroísmo; y en la que interviene el propio comendador —interpretado por Jacobo Dicenta con buenas dosis de engreimiento y aplomo dramático—, no sirve ni de columna vertebral ni de núcleo tensional suficiente como para atraernos, por mucho que nos topemos con encuentros de flirteo entre los amantes o el rapto de la labradora encienda los ánimos. Por otra parte, la tendencia abusiva a remarcar el grupo disuelve en él a los posibles secundarios y a la concreción de subtramas que complejicen el drama. Sigue leyendo

Jardiel, un escritor de ida y vuelta

Ernesto Caballero intenta desagraviar al dramaturgo tanto artística como políticamente

Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Cada vez que se repone una comedia de esas que se supone que se han asentado en el tiempo, surgen siempre varias cuestiones que insistentemente han de ser resueltas. Por un lado, está el asunto de la comedia en sí como subgénero, parece que siempre hace falta justificarse, sobre la consideración menor que se tiene respecto a la tragedia; por otra parte, se dirime acerca de lo difícil que es hacer reír. Con Jardiel Poncela, además, se unen las reticencias políticas, las cuales son disuadidas con aquello de que fue un adelantado a su época, un precursor del absurdo y un etcétera de virtudes que resultan insoslayables. Sigue leyendo

Hedda Gabler

El personaje más célebre de Henrik Ibsen vuelve a vivificar su angustia existencial en la versión austera de Yolanda Pallín

Hedda - FotoLa heroína de Ibsen ha llegado al final del camino demasiado pronto; es lo que tiene la vida fácil y programada. Hedda Glaber, aún joven, sufre la enfermedad burguesa por antonomasia: el aburrimiento (a finales del XIX en Noruega no existían las tarjetas de crédito). Y lo que ocurre cuando se llega a ese estado es que la locura del arrepentimiento por las arriesgadas aventuras no emprendidas se introduce en el cuerpo. De esa manera, Hedda va perdiendo sus endebles valores morales. ¿Cómo construir un personaje tan complejo y que resulte creíble? Pues como hace el dramaturgo noruego al lograr confluir los caminos perdidos de Hedda en un corto periodo de tiempo. El azar predispone a los personajes para que la protagonista saque de sí su verdadera esencia. Vuelve de una soporífera luna de miel con su marido Jorge Tesman, un profesor a punto de ingresar en la universidad y al que no ama, lo interpreta Ernesto Arias con ese estilo paradójico en el que el intelectual parece no darse cuenta de lo obvio. Lo resuelve con mucha coherencia. Sigue leyendo