El drama rural de Jacinto Benavente se embellece de la mano de Juan Carlos Rubio y de Natalia Menéndez

¿Qué podemos hacer con un final tan desastroso? ¿Deberíamos cerrar los ojos, obviarlo, y quedarnos con todo lo acontecido anteriormente? No nos quedará más remedio si queremos salvar este montaje en nuestra memoria. La inverosimilitud, la inconsecuencia y hasta el visto y no visto irrumpen en la última escena de esta versión firmada por Juan Carlos Rubio y por Natalia Menéndez. Nada que no esté escrito por don Jacinto Benavente allá por 1913; pero requeriría otro ritmo, otro cuidado. Si ante una tragedia así el público se carcajea, algo está mal. Puedo certificar que en el espectáculo que dirigió Joaquín Vida y que protagonizaba Nati Mistral en el año 2000 ocurría igual. Nuestro Nobel debería ser enmendado, ya que aquí se vuelve a caer en el mismo error. Parece una farsa, un vodevil. Sigue leyendo
Si quitamos de nuestra cabeza el nombre de Jacinto Benavente y su Nobel, y la ínfima aura que aún le quede en nuestra sociedad, díganme qué sacan de un espectáculo como este. No pasa de mero ejercicio dadaísta. No es que sea nihilista o se escuche hablar del aburrimiento, es que es una nada y un aburrimiento. Me parece una pieza estúpida que se alarga en media hora de vacío, que no valdría ni como gag de humor absurdo firmado por Tricicle.