Aquiles y Pentesilea

De cómo el amor puede frenar las ansias guerreras a las puertas de Troya

Foto de marcos G punto
Foto de marcos G punto

El Centro Dramático Nacional ha decidido reponer la obra que compuso en los 90 Lourdes Ortiz. Un texto este de Aquiles y Pentesilea que, apreciado sobre las tablas, enseguida se adivina que el espacio se le queda pequeño, no solo porque participen en la función trece actores sino porque la acción queda demasiado encorsetada en la Sala Francisco Nieva. Los dos bandos enfrentados, las amazonas contra los griegos, las mujeres contra los hombres, el amor contra la guerra, se miran frente a frente sobre la arena con la furia de aquellos que reconocen en su ser la hybris guerrera, pero, en el caso de Aquiles y Pentesilea, también pulsión erótica. Ocurre que en la disposición de los elementos, del contrabalanceo de las fuerzas, uno espera que el liderazgo de los protagonistas conlleve la suficiente energía como para contradecir las tradiciones y los designios; es decir, se aguarda a un héroe como el de los pies ligeros, no solo enamorado, sino, también, seguro de su porvenir con esa mujer; pero no es el caso. Sigue leyendo

El alma buena de Se-Chuan

Vladimir Cruz sube a los escenarios del Matadero (Madrid) la dialéctica entre el bien y el mal brechtiana

El alma buenaVolver a Brecht, a veces, cuando la coyuntura actual pide respuestas a la altura de la complejidad que vivimos, conlleva caer en fábulas maniqueas que irritan. El espectador de El alma buena de Se-Chuan que acude al Matadero no es un niño al que se le pueda simplificar la vida de esa manera. Tres dioses bajan a las tierras chinas en busca de alguien bueno. En su indagación se encuentran primero con un aguador, un pillo (interpretado por Rafael Ramos de Castro con cierto aire cómico), que debe proveer de alojamiento a esos seres celestiales y para ello acude a Shen-té, una prostituta que se convertirá en la principal protagonista. Raquel Ramos tiene la difícil tarea de doblarse entre la bonhomía de la joven y su fingido primo astuto. A partir de aquí, se desencadena toda la dialéctica entre el bien y el mal, donde diferentes personajes van dando buena cuenta de sus ambiciones en la vida y de sus ansias por medrar a costa de los demás. El problema está en que es un texto en el que se mezcla lo narrativo (algo habitual en el teatro épico de Brecht), con unas explicaciones redundantes y que se demoran en describir hechos evidentes, además de añadir canciones que pretenden aquilatar aún más el discurso. Sigue leyendo