Lluvia constante

Peris-Mencheta y Roberto Álamo se juegan su amistad en un thriller asfixiante

lluvia constanteTrabajar en el subsuelo, en el margen, bajo coordenadas que superan cualquier código moral y que, fundamentalmente, escapan de la ley, implica que el hedor que emana penetre en los cuerpos de unos policías que se sostienen mutuamente desde la infancia. Lluvia constante presenta a dos aspirantes a inspector embadurnados por los trapicheos, el alcohol y su estilo expeditivo. Rodo muestra el perfil del madero encharcado en whisky y Daniel, corpachón musculado al uso, manifiesta debilidades mentales que no tardarán en aflorar. El texto de Keith Huff posee los mimbres del thriller policiaco, sucio y corrupto, que tantas veces hemos visto en el cine, pero se ha permitido el lujo de construir dos personajes ricos en matices que se sobreponen al fondo de la cuestión. Además, la estructura de la obra está perfectamente medida en tiempo y ritmo. Ofrece diversos giros dramáticos y una evolución en los protagonistas que va ganando enteros según avanza la acción. Sigue leyendo →

La Venus de las pieles

La adaptación de La Venus de las pieles llevada a cabo por David Serrano se excede en el tono alocado

Foto de Luis Alda
Foto de Luis Alda

Cuando juegas al teatro dentro del teatro, debes procurar que la ficción que quieres llevar a cabo dialogue coherentemente con la obra que finges desarrollar, si no, es muy posible que el espectador no termine por sintetizar ambos discursos. Bien, pues, el director, David Serrano, ha optado por infundir un tono barriobajero y excesivamente grosero, como si esa cómoda distancia posmoderna de la ironía no se tomara en serio el binomio placer-dolor. Desde el inicio, lo que deberían ser los primeros pasos hacia un cierto aire de solemnidad, hacia un viaje a la oscuridad de 1870, cuando Sacher-Masoch publicó su libro La Venus de las pieles (una novela algo anticuada para la época, un tanto artificial y que daría origen al término masoquismo), la protagonista, Vanda, aparece súbitamente, hablando a la velocidad del rayo como una groupie desnortada delante de un famoso y lanzando improperios sin parar como si fuera una choni recién salida del garaje de una discoteca light. La cantidad de ordinarieces se convierte en una losa incapaz de levantar en una hora y media; por mucho que, a continuación, cuando Vanda, se dispone a realizar la prueba para el papel principal, su voz suene aterciopelada y profunda. De esta forma, Clara Lago se enfunda estos dos roles y sale bastante bien parada (sigue las instrucciones que el director le ha dado), si nos fijamos en su seguridad con el texto y en su expresión corporal, demuestra que es una buena actriz. Su compañero, Diego Martín, aunque le vendría mejor una compostura más canalla y menos pija, es un actor sobresaliente que sabe mantener la seriedad de la representación desde el primer momento, llevándonos someramente hasta su claudicación. Sigue leyendo →