José Luis Iborra dirige esta nueva entrega del espectáculo navideño en el Circo Price con un argumento poco elaborado

Pasan las ediciones, una tras otra, en estas fechas tan señaladas, y las comparaciones se hacen inevitables. A veces ha ganado lo circense (La casa del árbol), otras, el cuentecillo con su ambientación (Los mundos del Price o El regreso de los cinco amigos) e, incluso, cuando nos visitaba Cometa, se aunaba todo con brío. En esta ocasión, los números de los artistas del equilibrio y otras variedades no alcanzan en conjunto el esplendor; aunque resultan atrayentes y vistosos. Sin embargo, la trama, el envoltorio, la danza y la música dejan mucho que desear. Sigue leyendo
Resulta toda una tradición acudir al Circo Price a disfrutar de su principal espectáculo navideño. Si comparamos esta última propuesta con las anteriores ediciones, convendremos con facilidad en que se ha bajado bastante el pistón en todas las áreas del montaje. Sospechemos más en una menor inversión que en una falta de ímpetu creativo en sus responsables, incluida, María Folguera como máxima garante del espacio. O sea,
Cómo no acudir en familia a este espectáculo navideño en el Price si se quiere disfrutar durante casi dos horas de todo tipo de atractivos. Ciertamente, será la chavalería la que más se lo pase en grande; aunque, quizás, para los más pequeñitos se puede hacer un poco largo y puede que algunos diálogos se les pasen desapercibidos. En referencia a esto último, es lo que ocurre con muchas películas infantiles, donde la ironía y la parodia habituales de los últimos tiempos (véase, se me ocurre, La Lego película) están destinadas al regocijo de los adultos. No pasa nada porque no se pillen todos los chistes; ya que las distracciones son múltiples y el ritmo no puede ser más vivaz en un montaje, donde se tienen que realizar las consabidas instalaciones para la realización de los ejercicios.