#LaIRA

Teatro documental para situar sobre las tablas una colección enorme de asesinos de muy corta edad

No hace más que unos meses reseñaba por aquí la obra de teatro documental de Jordi Casanovas titulada Port Arthur, y que transcribía con exactitud el interrogatorio realizado a un joven asesino de Australia. Ahora, la Sala Nave 73 acoge un espectáculo que abunda en esa idea; aunque la lleva por otros derroteros dramatúrgicos. Con #LaIRA podemos salir abrumados de la cantidad de casos ―hasta trece― a los que se quiere hacer referencia. De hecho, la estructura ya clarifica que perfectamente el montaje podría quedar reducido a la mitad (se marca el interludio con un baile) o, incluso, multiplicarse ―no será por criminales a nivel mundial―. Creo que esta decisión supone una rémora y que tiene, al menos, dos consecuencias negativas. La primera es la superficialidad, no entrar al fondo de cada espécimen para descubrir ―si se dieran―, sus auténticas motivaciones o las bases que nos permitieran conceptualizar el mal, que es el verdadero tema de esta función. La otra consecuencia ―determinada por la anterior―, es que algunos personajes resulten casi indistinguibles, sobre todo si la caracterización es mínima o nula (apenas una impostación de voz o algún leve signo visual).  Que vayan vestidos con un mono verde, como futuros presidiarios de algún país inconcreto, fuerza la sensación de que la interpretación se reduce y de que se convierten en relatores, en narradores. Todo ello forzado porque no se hace distinción, en ocasiones, entre personajes masculinos y femeninos (quizás hubiera estado bien un equilibrio entre chicos y chicas en el elenco). Sigue leyendo