El escondido y la tapada

Los jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico se enfrentan a esta comedia poco representada de Calderón de la Barca

Foto de Mauro Testa

Quizás la mejor forma de que se puedan bregar las generaciones jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico es embarcándolos en una comedia de capa y espada. Fundamentalmente, porque permite un movimiento escénico más ágil, menos sentencioso y deja que la energía flote con suficiente consistencia. Eso es lo que ha logrado Beatriz Argüello, quien ha compactado mucho al grupo desde el prólogo, cuando van con el capote encima configurando una melé de chismosos. Ahí ya conocemos a don César, que nos deja a un Sam Arribas con donosura y confianza en los extensos parlamentos del comienzo. Nos anuncia que cuenta con dos amantes y que viene huyendo, pues ha matado en un duelo al hermano de una de ellas, Lisarda. Sigue leyendo

Las locuras por el veraneo

Noviembre Teatro la emprende en el Matadero con un texto de Goldoni con un montaje que resulta un tanto naíf

Las locuras por el veraneo - Vanessa RabadeVuelve a los escenarios esta primera parte de la Trilogía del veraneo, de Carlo Goldoni. Los de Venezia Teatro ya la habían emprendido con bastante gracia y posmodernizada con gusto en 2016. Antes, en 2009, Toni Servillo nos deleitó en los Teatros del Canal con la reunión de las tres obras en una propuesta repleta de ironía y sagacidad. Ahora es Eduardo Vasco quien, con su compañía Noviembre Teatro (vienen de mostrarnos Abre el ojo, de Rojas Zorrilla), pretende trasponer aquel XVIII burgués a los años veinte (no demasiado locos) del siglo XX. Sigue leyendo

Abre el ojo

La compañía Noviembre Teatro insiste con otra obra de Rojas Zorrilla para acercarnos una de sus comedias más cínicas

Abre el ojo - Foto de Asís G. Ayerbe
Foto de Asís

¡Qué distinto cadencia y tono tiene esta propuesta de Noviembre Teatro frente a aquella tan divertida de Entre bobos anda el juego! Verdad es que aquella era comedia de figurón y esta de Abre el ojo (o Abrir el ojo) sea de costumbres. Aunque se quiera proceder con el vaivén del vodevil, lo cierto es que uno ve el esquema demasiado marcado casi desde el principio. Y luego, encima, se resuelve el asunto en un pispás, o en dos; porque el epílogo se acopla con premeditación. Sigue leyendo