Eclipse total

Pont Flotant plantean un curioso acercamiento a la muerte a través de sus genealogías personales en una propuesta demasiado superficial

Eclipse total - FotoSi el principio de la filosofía tiene que ver con maravillarse con todo aquello que tienes delante y que te resulta incomprensible los que viene después es una hecatombe epistemológica. Nos sentamos en la butaca y podemos hallarnos como los niños o los preadolescentes conversando entre ellos o con adultos y sorprendiéndose con su propia existencia, o con el tamaño de nuestro planeta o con el insondable universo. La extrañeza que uno puede sentir es desconcertante en grado supino; pero, luego, está la vida con su flujo temporal (y su memoria rehaciéndose y rehaciéndote) y el espacio que hay que ocupar con todos sus principios físicos inasibles. Si la obra Eclipse total se les muestra a muchachos avispados, puede que dijeran: «¡Vaya, venimos de muy lejos!». O, «al final todo se irá a la mierda». Aunque si los espectadores están creciditos, confío en que ya se habrán hecho cargo de la compleja idea de estar vivo en los avatares de este catastrófico azar. No obstante, hay que vivir. Sigue leyendo

El hijo que quiero tener

Una experiencia teatral, producto de un taller escénico, con la que se pretende reflexionar sobre la educación

La duda refulge en la ristra de sentencias con las que pretende autojustificarse el actor Àlex Cantó, cuando reflexiona sobre su decisión de no tener hijos. ¿Por qué tener hijos? ¿Qué es tener un hijo? «Como si uno tuviera que tener hijos para ser feliz». El hijo que quiero tener es una obra no va estrictamente de responder a esta cuestión; aunque pudiera ser el punto de partida, sino de plantear cómo la sociedad se vertebra de forma auténticamente solidaria si en la educación contribuye toda la tribu, esa a la que tanto se refiere José Antonio Marina. Esto lo percibimos como un aldabonazo cuando la escena se abarrota con esas veintidós personas de tres generaciones que se reúnen en un aula, para ser niños, padres y abuelos. Para ser amables, responsables y también juguetones. Y sin distinción de edad. La función, sobre todo en el último tercio, quiere permear la experiencia del propio taller, de cómo todos estos amateurs han contribuido con su energía positiva a poner en marcha una manifestación de encuentro, de unión y de relación. Sigue leyendo