El Teatro María Guerrero se introduce en un futuro distópico con este sugestivo montaje de Tiago Rodrigues
Foto de Christophe Raynaud de Lage
No han faltado a lo largo de los últimos decenios historias ─la mayoría expresadas a través del celuloide─ que en el contexto futurista de la exploración del cosmos nos han permitido reflexionar acerca de la humanidad, de su supervivencia; pero también de las esencias íntimas de cada individuo cuando las circunstancias extraordinarias cuestionan su propio devenir e, incluso, su responsabilidad con aquellos que vivirán posteriormente. Así ha ocurrido desde Solaris y, en fechas más recientes, con Ad Astra, Passengers, Moon o, cómo no, The Martian. Precisamente esta última es la que nos puede venir servir más para establecer comparaciones. Ahí vemos reflejada la hostilidad de Marte, a donde ha sido enviada Amina (etimológicamente significa «segura» y «honesta»). Sigue leyendo →
Frank Castorf emplea el tamiz del decadente Artaud para reconfigurar esta tragedia de Racine en un proceso de desmesura
Foto de Mathilda Olmi
Después de dos horas y cuarto, cuando llegó el descanso, la platea perdió dos tercios en la Sala Roja de los Teatros del Canal, algo muy parecido a lo que ocurrió la temporada anterior en el mismo espacio con un espectáculo de estética y deriva similar, Lokis, de Łukasz Twarkowski. Y es que Frank Castorf, uno de los adalides del teatro posdramático, trabaja desde el exceso y quizás nosotros hayamos sido conejillos de Indias; pues apenas lleva pocas funciones de rodaje. Adelantemos que el montaje alcanza las cuatro horas y media (con el intermedio) y puede llegar a ser agotador. Resulta bastante desalentador el extensísimo prólogo en el que Mounir Margoum, encarnándose en Acomat, el visir, prepara el ambiente a través de una estridencia rayana en lo ridículo. Una especie de Sacha Baron Cohen o alguno de esos comediantes americanos histriónicos, con ese aire de chuloputas de banlieue parisina con su chándal estampado de Dolce & Gabbana. Su discurso es un tanto equívoco a la hora de contextualizar la situación. Pronto llega Osmin, con información fresca sobre Amurates (se refiere a Murat IV), el sultán, quien se encuentra asediando con dificultades Babilonia. El senegalés Adama Diop y Margoum pasarán de ser unos excéntricos con apariencia de camellos, a ser los grandes urdidores de las tramas entre celestinescas y maquiavélicas. Astutos y hasta sensatos a la postre, grandes vencedores de la contienda (uno más que otro, como se verá en la imagen final). Van adquiriendo un tono irónico que se fragua en gestos y vaciles que expresan ante la cámara que los sigue, cuando el meollo se vaya adentrando en la atmósfera lisérgica. Deberíamos pensar que las cachimbas vienen cargadas hasta los topes; porque la colección de secuencias cinematográficas que van mostrando la degradación física y moral del resto de integrantes del elenco es palpable. Sigue leyendo →