Liberto

Un libreto de Gemma Brió cargado de entereza sobre una tragedia personal y dirigido con inteligencia

Foto de Felipe Mena
Foto de Felipe Mena

En cuanto comenzó la función en el Teatro de La Abadía, me vino a la cabeza la película francesa de 2011 Declaración de guerra. En esta, una pareja relata la dura experiencia de ver cómo su hijo pequeño debe sobrevivir a una enfermedad. Me vino a la cabeza, digo, por la hiperrealidad. La directora y actriz Valérie Donzelli más su novio Jérémie Elkaïm realizaban completamente el film interpretando su propia historia. En Liberto ocurre algo parecido: partimos de una experiencia real y de una meticulosa descripción de las emociones y los protocolos que se abalanzan sobre la madre protagonista. Escribir un texto bajo la premisa del conocimiento auténtico de lo ocurrido conlleva el peligro de caer en un lacrimógeno acontecimiento de defenestración emocional. Pero Gemma Brió ha logrado trazar una línea finísima entre la catástrofe de observar a tu bebé con daño cerebral irreversible y la forma esperanzadora de acoplarlo a tu personalidad, a tu futuro. Confirmemos que es un ejemplo de cómo alguien es capaz de crear todo un protocolo alternativo y vitalista ante la pena inflamada. Para ello se rodea de sus dos amigas más íntimas: Tátels Pérez, quien debe interpretar otros tantos personajes que pululan por ese espacio entre familiar, hospitalario y burocrático, incluido una especie de homenaje a Pepe Rubianes metiéndose en la piel (en el alma) de un San Pedro grosero y macarra que se caga hasta en el Grandioso. Sigue leyendo