Terrenal. Pequeño misterio ácrata

Mauricio Kartun aprovecha el mito de Caín y Abel para fabular humorísticamente sobre la dialéctica política de la humanidad

Foto de Fernando Lendoiro

He de reconocer que lingüísticamente no he podido llegar a todo —creo que el resto del público español tampoco. Nada más comenzar Terrenal. Pequeño misterio ácrata, después de un compases de claqué a modo de bienvenida, uno empieza a sospechar que la risa debiera ser más frecuente, que los chistes, los dilogismos y las insinuaciones de todo cariz debieran llevarnos a una ampliación de los significados; pero algunos términos se nos van y las exageraciones en el acento reducen también nuestra agudeza. Es una lástima. Aun así, ahí tenemos, delante de nosotros, el mito prosaico de Caín y de Abel, la lucha maniquea del nomadismo frente al sedentarismo, de la ensoñación idealista frente a la contabilidad materialista, la víctima y el victimario, la bondad socialista contra la maldad capitalista. ¿El origen de la usura judía? Dejando de lado todo lo propiamente argentino que no podemos asimilar plenamente, nos quedaremos con lo universal. Lo certero, desde luego, son los diálogos inventados por Mauricio Kartun, tan punzantes y perfilados, hiperbólicos en demasía, tanto como para que la obra se trastabille en la minucia, en la recalcitrante incomprensión, de la misma forma que hacían el Gordo y el Flaco; porque de cualquier cosa se puede discutir cuando el odio te reconcome. Así, como dos payasos, uno, vendedor de isocas (lombrices) en la zona de los pescadores; el otro, cultivador de morrones (pimientos).  Sigue leyendo