Los componentes de La Zaranda en colaboración con los argentinos de Teatro Picadero discurren en el vacío de la espera
Todos tenemos clara la estética y la ética que han desarrollado con su arte Eusebio Calonge y Paco de La Zaranda. Ambos inciden de manera expresionista en los márgenes sociales. Su teatro «pobre» perfila con precisión la angustia vital de sus personajes para imponernos el espejo cóncavo con el que retratarnos. En demasiadas ocasiones los grandes temas se solapan de un proyecto a otro. Y las técnicas dramatúrgicas se evidencian con demasiada prontitud. Esto es una rémora pertinaz que evita la sorpresa y la revelación en el espectador asiduo a sus montajes. Sea como sea, son insistentes en la búsqueda y en la plasmación de cuitas esenciales del ser humano. Su profundidad es tan honda que suelen toparse con un vacío agónico. Sus resoluciones nos hacen zozobrar, mientras esbozamos una sonrisa construida con sincera compasión. Sigue leyendo