Nina

Un melodrama sobre el regreso de una joven actriz al pueblo donde nació su vocación

Foto de Carlos Luján

El dramaturgo José Ramón Fernández, de quien celebramos su versión de El laberinto mágico, decidió en 2003 que Nina, aquella incipiente actriz que emprenderá el vuelo en La gaviota de Chejov, vuelva como un alma en pena al presente para mostrar su periplo y el achaque de la nostalgia. El texto le valió el Premio Lope de Vega y la compañía La risa de Cloe, como lleva haciendo en los últimos años, la vuelve a poner en pie —con algunos cambios— en el Teatro Fernán Gómez. Desde el comienzo nos topamos con varios problemas que se arrastrarán hasta el final de función sin capacidad para remontar. Primeramente, está el enfoque del texto. Si ya la obra chejoviana es un fresco de la vida misma que nosotros observamos con motivación más por la distancia y la curiosidad que nos pueda provocar el ocultamiento de las emociones de muchos personajes que son un esbozo que debemos completar, aquí la cercanía de lo relatado —¿quién no mira con añoranza sus sueños de la adolescencia perdida?— viene cargada de tópicos: «Al final os casasteis. ¡Qué bien! Está igual»; la asunción de que la mayoría ha ido perfilando su familia más o menos. Sigue leyendo