La fierecilla domada

Una versión sobre la comedia shakesperiana que torna en un descabalado espectáculo sobre violencia machista

Cualquier excusa es buena para soltarte el discursito y desbarrar a gusto. Shakespeare les dura media hora y lo demás viene a ser una colección de performances con más o menos sentido simbólico y con más o menos efectividad dramatúrgica. Lo que nos hacen ver los de La Dalia Negra, es que ellos se han instalado en la Nave 73 a llamar la atención. Qué daño ha hecho Almodóvar, Rodrigo García y hasta Declan Donnellan. La lectura que aquí se hace de La fierecilla domada es tan torticera que uno muchas veces piensa que es mejor hacer borrón y cuenta nueva, y dejar en el olvido todas y cada una de las obras que no cumplan estrictamente con los dogmas del esquema sobre lo políticamente correcto que hoy impera (y encima promovido por gente tan joven). ¿Qué pasa cuando habitualmente se lleva a las tablas esta comedia del dramaturgo inglés? Pues que se interpreta como farsa, que se observa a dos protagonistas bien broncos y extremos, abrazándose para conformar un matrimonio sui géneris, tan tóxico como bien avenido (la maravilla que presentaron los Propeller en los Teatros del Canal en 2013 ―representada toda por hombres―, es una referencia ineludible). Sigue leyendo