María Goiricelaya firma y dirige esta tragicomedia en el Teatro de La Abadía sobre las maneras de morir

El hecho es que hemos pasado de hablar de «una larga enfermedad» a tratar el tema del cáncer con gran apertura. Así que ahora mismo en la escena española, Constelaciones, La última noche con mi hermano y esta obra de María Goiricelaya abordan el estrago que este mal tan terrible implica. Bien es cierto que la autora nos entrega una propuesta repleta de comicidad. En este sentido, me parece que se introduce el humor de una manera un tanto forzada, abrupta, como sketches que se encajan de improviso. Así, a lo largo del recorrido somos sorprendidos por un Jesús redivivo en la cruz (devenido en Fito Cabrales) o, por otro lado, se recrea el célebre baile de Dirty Dancing. Sigue leyendo

Empecemos aseverando que titular Yerma a esta obra es casi un clickbait y que los espectadores deberían estar más que avisados de que aquí no está Lorca. Dejémoslo en que la escritora María Goiricelaya se ha inspirado en la tragedia del dramaturgo granadino. Cualquiera puede comprobar que ni lenguaje, ni época, ni personajes, ni siquiera el argumento quedan reflejados. Apenas el tema se trae a colación; pero desde una perspectiva sociocultural bastante diferente. Esta es la principal pega que le puedo encontrar a un montaje magnífico y de gran intensidad; también, quizás, que se alarga demasiado y que reitera el mismo motivo en exceso (puede que la última escena, la de la fiesta, sugerente y onírica, llegue un poco tarde). Claro que, cuando hablamos de una obsesión, la repetición es obvia.