Ojos de agua

Charo López extrae de La Celestina las esencias de un hedonismo desaforado

Ojos de aguaLa vieja puta Celestina ha resucitado en la forma de una dama encantadora que se nos expone más allá del tiempo y del espacio. Viene a darnos su versión de los famosos hechos acaecidos entre Calisto y Melibea, pero también para reclamar su libertad de bruja. No duda la trotaconventos en sincerarse, ella no ha dejado un solo día sin pecar, y su testimonio contrasta con un cinismo histórico del resto de damas que obvian las oscuridades de sus «buenas costumbres». Por eso esboza, constantemente, Charo López la sonrisa, prueba de su afán hedonista; creando una interpretación candorosa y vitalista, sagaz y complaciente. Se gusta la actriz en escena, se mueve con la seguridad de un personaje, epónimo de la literatura amorosa y cortesana, sabedora de secretos tan íntimos como definitorios. A su vera, jugando un papel reconfortante, detallista y dinámico, el espíritu de aquel sirviente llamado Pármeno (compañero de aquel otro sirviente llamado Sempronio) que Fran García, en una disolución de personajes y acompañantes, colorea. Él mismo nos ofrece un grácil prólogo a modo de captatio benevolentiae, nos regala sus temas musicales (por momentos me pareció un acústico de Vestuta Morla) donde comprobamos que tanto Yayo Cáceres como Álvaro Tato han pergeñado verdadera poesía, muy afinada en el discurso y apropiada en el tono. Además, la guitarra de Antonio Trapote encaja a la perfección. Sigue leyendo