Una madre de película

Toni Acosta sufre en el escenario del Teatro Bellas Artes la marcha de su hijo en esta suave comedia de Juan Carlos Rubio

El dramaturgo Juan Carlos Rubio se ha buscado la vida para darle un marchamo cinematográfico a cada frase de este texto. Todo pensamiento, toda mirada, toda incursión por los pasillos y estancias del piso poseen su correlato, su glosa, fílmica. Estaremos de acuerdo que ahí está la ingeniosidad del montaje; pero que no deja de ser una carcasa para un argumento insignificante y endeble. Algo muy de andar por casa, que no incide en el drama de una madre sometida por el síndrome del nido vacío. No hay más que observar el espectáculo protagonizado el año pasado por Aitana Sánchez Gijón, de título La madre, para comprobar qué derivas se pueden emprender con el asunto. Sigue leyendo →

Los de ahí

Claudio Tolcachir expone la situación de marginalidad de los riders en un drama estático en el Teatro María Guerrero

El mundo se ha vuelto tan complejo que bosquejar al proletariado como si nos avanzaran un futuro encadenante desde un pasado orwelliano resulta insuficiente. Quiero decir que estos riders, estos mensajeros que exprimen la energía joven de sus piernas, como Sísifos en ese engranaje kafkiano e inasible, son ellos mismos consumidores en su microclase, no son unos vagabundos ajenos a las dinámicas simbólicas, son esclavos que portan logotipos, fetiches de cartón piedra en el cosmos low cost, donde quien más y quien menos se da un capricho para resignificarse de alguna forma frente a los demás o contra el espejo donde nos reflejamos. Sigue leyendo →

Travy

Oriol Pla reúne a su familia para crear una obra sobre ellos mismos y su oficio en un planteamiento embriagante

Si una propuesta va de una familia de cómicos, de payasos, de juglares, y no aborda estrictamente su periplo vital, entonces, de qué va. Pues de la esencia genuina de estos aviesos seres que cruzan la historia de las sociedades, en esa situación de marginalidad, de apuntalamiento cínico en la grieta, de vagabundeo entre la melancolía y la irrisión, de estar sin estar mientras el mundo se vuelve loco. Los bufones surcan el tiempo más allá del bien y el mal. Privilegiados en su precariedad. Por esto mismo, el planteamiento de este espectáculo es tan coherente. Porque poseer un firme argumento sería transgredir su pertinacia. Sigue leyendo →

Hamlet

Declan Donnellan desnuda la escena para que el héroe trágico ofrezca comicidad a su locura en una versión del clásico shakespeariano

Foto de Albert Dobrin

Si hace justo un año los espectadores nos subíamos al escenario de la Sala Verde de los Teatros del Canal para seguir los avatares de Edipo. Ahora, con los mismos rumanos del Teatrul Naţional Marin Sorescu de Craiova, vuelven Declan Donnellan y Nick Ormerod, incansables a pesar del tiempo transcurrido, a sumergirnos en la acción, aunque esta vez sentados, en gradas a dos bandas. Disposición fundamental para que la cercanía sea intensa y el tapiz blanco y central se ilumine con potencia para ser pasarela de moda ridiculizante y pedana de esgrima. Además, el movimiento del elenco será extraordinario, pues surge de improviso por detrás de los asientos, avanzándonos ruidos en las disputas, algunos gritos, algún estruendo. No hay un ejército, pero sí se concitan toda una serie de hombres uniformados ─a lo contemporáneo─ que igual valen de consejeros áulicos que de agentes del servicio secreto de su majestad. Sigue leyendo →

FitzRoy

La expedición de cuatro mujeres alpinistas resulta bastante insulsa en esta obra de Jordi Galcerán, que dirige Sergi Belbel en el Teatro Maravillas

No sé si al espectador le va a resultar muy atractiva una comedia donde permanentemente el poder de la amistad va resolviendo las cuitas pequeñas y las medianas; porque los asuntos graves en esta función no terminan de acontecer. Tampoco encontramos un enemigo al que vencer, ni un contrincante que descubra auténticamente las vergüenzas de las otras. Sigue leyendo →

El jefe del jefe

Fernando Gil impone su protagonismo histriónico en esta adaptación de la obra de Lars von Trier dirigida por Ricardo Hornos

El jefe del jefe
Foto de Pablo Lorente

Cualquiera que haya visto la película de Lars von Trier El jefe de todo esto, presentada en 2006, quedará patidifuso con el tono adoptado en esta versión que firman Ricardos Hornos ─responsable de la dirección─ y Fernando Gil ─máxime protagonista, demasiado, diría─. Y de esto va el asunto, del tono propiciado. Porque el director danés, más allá de sus experimentos cinematográficos con su «automavisión», permea su comedia de una pátina de acibarado sarcasmo que la vuelve más inteligente. Sigue leyendo →

Testigo de cargo

El clásico drama judicial salta al escenario del Teatro Fernán Gómez bajo la dirección de Fernando Bernués

Testigo de cargo - Foto de Javier NavalTeniendo en cuenta que el thriller judicial se ha explotado tanto en cine en los últimos tiempos, y que es un género que lucha denodadamente por escapar de su encorsetamiento burocrático, Testigo de cargo es el paradigma más caduco posible para saltar a escena. Lo que les pasa a sus personajes nos la trae al pairo, y más, si se le imprime ese tonito irónico tan propio de los británicos. Es decir, el asunto carece de enjundia, máxime si la interfecta es una viejecita que ya está liquidada antes de que comience el embrollo. No se produce ningún efecto empático y, por lo tanto, como ha ocurrido históricamente con ese estilo novelístico, nuestra motivación está alimentada únicamente por el juego del ingenio. Sigue leyendo →

Alegría

El Circo del Sol vuelve a instalar su carpa en Madrid para recuperar uno de sus espectáculos fetiche con una pátina de modernidad

Alegría - Circo del SolCuando acudimos a la carpa instalada en el Escenario Puerta del Ángel, debemos tener muy en consideración que este espectáculo está remozado, que Alegría fue diseñado para representarse allá por 1994 y que, desde entonces, nuestra mirada se ha acostumbrado a una especie de locura Guinness, de a ver quién puede más. Hazañas absurdas y sorprendentes pululan al unísono por las pantallas del mundo. Por ejemplo, atletas de parkour se acomodan en algunas instalaciones urbanas. Otros deportes de riesgo se han insertado en las ciudades, como el skate. Y hasta formatos televisivos, replicados en distintos países, como Got Talent, dan mucha cabida a números circenses de gran dificultad y aparente peligro. Por no hablar de todos esos vídeos virales que nos descubren a insensatos jugarse la vida por un narcisista selfie. Este es nuestro hábitat contemporáneo en el que debe anidar una manifestación artística repleta de artesanía como esta que crearon en su época Gilles Ste-Croix y Franco Dragone, y que ahora dirige con pulso firme Jean-Guy Legault.

Es un entretenimiento tan perfecto en su ejecución y en su belleza como convencional para los usos circenses de la actualidad, que los propios fundadores del Circo del Sol han propiciado. Es decir, hay demasiados circos sin animales, hibridándose con otras artes escénicas como el teatro, la danza o la performance, que se han acogido a este modelo. Asimismo, por supuesto, como producto de consumo, como fetiche para degustar dentro de un estatus elevado. Pues también hay que tener en cuenta que asistimos a una propuesta que incluye un descanso de veinticinco minutos para recargar palomitas, bebida y adquirir material de merchandising. Todo ello implica, como afirmaba más arriba, que no se contemple el espectáculo con una dosis mayor de inocencia. Digamos que estamos acostumbrados a ciertas representaciones como la que ofrecen la contorsionista mongola Oyun-Erdene Senge o la china Yan Zhuang con su dominio de los hula-hops. Son ejercicios estupendamente perfilados, que sosiegan el montaje general, antes de adentrarnos en el colofón; pero que ya no sorprenden tanto. Igualmente ocurre con la actuación del malabarista, quien se afana con una cantidad de objetos que no supera proezas que encontramos en todo tipo de eventos televisivos. Nuestra necesidad de récord «olímpico», «mundial», estratosférico, sí que se ve aplacada por otros acontecimientos que transcurren a lo largo de las dos horas de duración. Comenzar con la vistosidad de las barras acrobáticas es marcar la exigencia con notable fuerza. Las pértigas requieren una habilidad y un equilibrio apabullante, sobre todo, con saltos mortales de enorme complejidad, dentro de una coreografía engrasada hasta el último detalle, que nos ofrece una limpieza que impregna la función. En este sentido, el final nos eleva la impresión de nuevo; pues los trapecios volantes suponen un ascenso de la adrenalina que nos deja un grandísimo sabor de boca. La coordinación resulta precisa y la realización contiene ese ajuste idóneo in extremis, que concita toda nuestra efusión. Además, este número concretamente ha ganado en amplitud para fomentar un arco de espera y de margen superior en el encuentro entre los «impulsores» y los acróbatas en sus giros.

Entre ese preámbulo sobrecogedor y este desenlace subyugador se dan otros momentos, como los saltos en los suelos elásticos y los trampolines situados en dos líneas diagonales que, en alguna medida, se quedan un tanto bajos y alejados de la visión de muchos espectadores. Bastante distinta es la aparición del samoano Falaniko Solomona Penesa con todas esas antorchas de fuego volando entre sus manos a gran velocidad, mientras distintas llamaradas surgen del suelo con el ritmo de la batería al fondo imprimiendo una cadencia fascinante que sorprendía mucho a los niños en las gradas («Esto, U, te gustó mucho, ¿verdad?». «Era alucinante»). También a los más pequeños, desde luego, les hechiza el jugueteo constante que propician los payasos. Los españoles Pablo Gomis y Pablo Bermejo generan una mezcla de gag infantil, emotivo, de relación amor-odio, con sketches más disparatados con la participación de algún asistente. Por otra parte, empastan muy agradablemente toda esa tormenta de «nieve» que flota por todo el espacio con su peculiar manera de limpiar la pista después. Lo cercano y lo asombroso conviven con gran elegancia; porque sorteando a esta pareja y, a la vez, entreverándose con ellos, deambulan otros personajes que pretenden narrar un argumento abstracto ─demasiado inconcreto, diría─ con el sr. Fleur a la cabeza, quien se ha apoderado de un cetro mágico para hacer de las suyas. Hasta que los Aristócratas, todos esos personajillos extraños e inquietantes, recompongan la energía de la naturaleza. En estos apreciamos el excelente trabajo de vestuario que ha ideado Dominique Lemieux, con una caracterización cargada de fantasía e imaginación, con un gusto exquisito por la gama de los verdes y los azules. Frente a ellos, la Cantante de Blanco nos transmitirá con auténtica pasión el célebre tema que da nombre al show, compuesto por René Dupéré.

Efectivamente, nadie se va a sentir defraudado por un espectáculo de esta categoría, con esa organización tan milimétrica. Y aunque contemplemos algunos números con esa mirada viciada del presente, el conjunto supone un gratísimo disfrute.

Alegría: bajo una nueva luz

Creadores originales: Gilles Ste-Croix y Franco Dragone

Director: Jean-Guy Legault

Director creativo: Daniel Ross

Diseñadora de vestuario: Dominique Lemieux

Diseñadora de accesorios: Anne-Séguin Poirier

Diseño de iluminación: Mikki Kunttu

Compositor y arreglos musicales: René Dupéré

Director musical y arreglos musicales: Jean-Phi Goncalves

Coreógrafa acrobática y diseñadora acrobática: Émilie Therrien

Diseñadores de sonido: Jacques Boucher y Jean-Michel Caron

Diseñador de equipos de aparejos y acrobacias: Pierre Masse

Diseñadora de maquillaje: Nathalie Gagné

Intérpretes y artistas del Cirque du Soleil: Yan Joann Zhuang, Oyun-Erdene Senge, Yulia Makeeva, Alexey Turchenko, Falaniko Solomona Penesa, Pablo Gomis, Pablo Bermejo, Sara Formoso, Slava Polunin, Nicolai Kuntz, Roxane Semiankiv,…

Escenario Puerta del Ángel (Madrid)

Hasta el 16 de febrero de 2025

Calificación: ♦♦♦

U: ♦♦♦

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Viento fuerte

José María Esbec versiona esta obra del Nobel Jon Fosse en el Teatro Español, para destilar un «poema escénico» de carácter críptico

Viento fuerte - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

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